Habitar el tiempo
Para no matar su tiempo, imaginó:
vivirlo mientras ocurre, en vivo;
en el instante finísimo en que ocurre,
en punta de aguja, y aún así accesible;
vivir su tiempo: para eso ir a vivir
a un desierto literal o de alpendres;
en descampados, que no distraigan de vivir
la aguja de un solo instante, plenamente.
Plenamente: viviéndolo desde adentro;
habitarlo en la aguja de cada instante,
en cada aguja instante: y habitar en él
todo lo que habitar le cede al habitante.
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Y a la vuelta de ir a habitar su tiempo:
corre vacío, ese tiempo en vivo;
y como, además de vacío, es transparente,
el instante a habitar pasa invisible.
Por lo tanto, para no matarlo: matarlo;
matar el tiempo, llenándolo de cosas;
en vez del desierto, ir a vivir a las calles
donde lo llenan y matan las personas;
puesto que el tiempo ocurre transparente
y sólo gana tiempo y color con su meollo
(lo que no pasó de lo que le pasó),
para habitarlo: sólo en el pasado, muerto.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
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