Tengo
que volver
a mi cuerpo.
El Tunduco Pérez
ni siquiera lo tuvo
en cuenta,
no lo guitarreó
en esa cuequita
de sombra futura.
Debo
sacudir
al buey
y los plumajes
amarillos
que me robaron
mientras
la tierra
se apagaba de frutos.
Mi yo
aún está caliente
en el horno,
se aparta
de tanta mojiganga.
El útero
que andaba de jilguero
y agua de mar,
por ahí
lo ven,
multiplicado
en bromazepán
y piedra rosa.
- Inédito-
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