el caballo que se dio cuenta que estaba en el poema
y el poema había admitido poner caballo ahí, escribirlo
bajo la tormenta, perturbado el pobre sobre el pasto
se dio como quien se da contra la cosa y vuelve, sí,
recostado, húmedo bajo el largo llover de anoche,
porque fue anoche el suntuoso mojarse del poema.
escribía, la cosa es así, yo: y escribía tipo “en conciencia
de sí”, “en plena toma de partido del nombre de la cosa
por las cosas” y así, como quien dice decía “por la
conciencia del poema en sí”, o “el partido de esa
conciencia sobre el estado de” etcétera, y ahí quedé,
y ahí fuimos hundidos por el nombre y la cosa y el
caballo en sí, míralo, confundido el pobre, como si
para dónde mandarse ahora, si casi ni rancho le puse,
ni grandes chapas le di, si de bruto y romántico nomás
me puse con la materia a llover, como un boludo que
escribe, yo, se sabe, “conciencia de”, y bonitas las
estrellas, y la bóveda oscura y fumamelá, me sopla
la criatura
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