La tormenta
La tormenta
Leurs mains ne servent plus qu'à nous persécuter...
(Agrippa D'Aubigné: "A Dieu".)
La tormenta que chorrea en las hojas
duras de la magnolia, los largos truenos
de marzo y el granizo
(te sorprenden los sonidos de cristal
en tu nido nocturno; de los oros
apagados en las caobas, en los cantos
de encuadernados libros; aún arde
una grana de azúcar en el cascarón
de tus párpados)
el rayo que confita
árboles y muros y los sorprende en esa
eternidad de instante –mármol, maná
y destrucción– que llevas esculpida
dentro de ti como condena y te une
a mí más que el amor, extraña hermana;
y aun el rudo estruendo, los sistros, el bramar
de panderetas sobre la fosa oscura,
el taconeo del fandango, y encima
el ademán violento...
Como cuando
te volviste y, con la mano, libre
la frente de la nube de cabellos,
te despediste –para entrar en la sombra.
/
Para terminar
Recomiendo a mis herederos
(si los hubiere) en materia literaria,
lo que es improbable, que hagan
una hermosa fogata con todo lo concerniente
a mi vida, a mis hechos y a lo que no hice.
No soy un Leopardi, dejo poco por quemar
y ya es demasiado vivir con porcentaje.
Viví al cinco por ciento, no aumenten
la dosis. En cambio, muy a menudo, llueve
sobre mojado.
Trad. Guillermo Fernández
Fuente: Cecilia Pontorno)
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