Mucho tiempo atrás en esta vida
Rublev, el gran pintor de íconos,
está enterrado debajo de una de estas iglesias;
el infinito se extiende en todas direcciones. Debajo
de los ladrillos, escucha pasar los carruajes.
Visitantes de otros países llenan la plaza;
bajo sus pies, pasan los demonios
de acá para allá, entre los mundos…
El ícono los mira quedarse sin palabras
pòr la facilidad marrón de la pintura.
El color ha perdido su inocencia.
Rusia es una enorme llanura
sobre la que cabalga una energía salvaje.
A Cristo se lo ve enfermizo & solícito,
dos dedos levantados, tiene apóstrofes en los ojos,
dientes de ajo, un artista jamás es tu enemigo.
Cómo interpretar la pintura a través
de los círculos de violencia que la hicieron posible. Se mueve
mucho más lento que vos;
siempre tiene algo que ocultar.
Una pintura te enseña a respirar.
La historia sigue quieta: es el caballo de madera
que arde en el costado: el sacrificio
de una cúpula es volverse campana; las campanadas
resuenan & se apagan, un tal vez sí
& tal vez no que te persigue.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
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