domingo, 4 de octubre de 2020

Miryam Hache (Buenos Aires, Argentina) Reside en Barcelona, España

 

 

HE VISTO A LAS MEJORES MENTES DE MI GENERACIÓN
TRABAJANDO EN UN CALL CENTER

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He visto a las mejores mentes de mi generación trabajando en un call center.
Destruidos y famélicos arrastrándose por las calles de un fin de semana
de furia y rabia por no disponer
más que un fin de semana
para expulsar una libertad contenida sin tiempo (fuimos sin tiempo, somos sin tiempo),
y los he visto ser el fuego
que nunca se apaga,
aunque el flujo del capital les cierre las puertas,
una tras otra,
y los convenza,
cada día un poco más,
 de que crecer es acumular tonalidades de cosas, colores coleccionables de todos los plásticos, de que el arte es el cielo
pero si no se sube a las nubes no existe.

Los he visto acumular libros y dejar de leer para siempre, sumergirse profanos en la abundancia de la fragmentariedad del conocimiento codificado en cientos de billones de bytes, y los he visto queriendo ser bytes, y los he visto venderse en aplicaciones de bytes, nos he visto orgullosas de esta poderosa conexión intergaláctica a través de las pantallas. Lxs he visto grabarse los genitales y perderse en la web y en las redes asiáticas y rusas
de imágenes de genitales
de mi generación perdida en la web,
siendo-la web,
deviniendo etérea pero reviviendo los paisajes y las caras
de nuestros abuelos
en postales vintage reencontradas en mercadillos de baratijas turcas, y distribuyendo maquinarias fotográficas de otras décadas donde el arte se olía y se palpaba, y nadie devenía millones de bytes en aplicaciones reemplazables por sus clones provenientes de países
en permanente estado de emergencia
que expulsan
sucesivas e interminables olas migratorias sin destino,
los he visto llamar emergencia al arte que producían sus propias manos,
los he visto pintar magníficos murales anónimos, no ser conscientes de lo que añoraban.

Los he visto hacer de la poesía una pura performance y multiplicar la belleza de las competiciones de slam por continentes enteros,
los he visto copiar y expandir modas como incendios,
llamas que iluminan los vastos vacíos que habitamos.

Los he visto recorriendo a pie montañas y templos,
postrarse ante catedrales de otros cultos, rezarle a la belleza.
Los he visto anarquistas, okupando pueblos abandonados en Italia y Francia y España.
Los he visto cultivando marihuana y huertos orgánicos
en los resquicios de sus balcones al sol.

He visto
a las mejores mentes de mi generación
desahuciadas de sí mismas,
reconociendo la desposesión más absoluta -no hay tentativa, ya lo sabemos: no poseemos nada, no somos nada, y hasta nuestros cuerpos le pertenecen al tiempo-,  las he visto replegadas sobre sus vientres entre las mantas,
apegadas a teléfonos móviles esperando una respuesta,
las he visto contar los días que no han recibido amor, que no han tocado piel humana, ordenar a los amantes ya sin nombre en archivos de más bytes por años y países de procedencia, asistir a orgías sin culpas
en pisos compartidos, en fiestas de bosques, en cuartos oscuros.

Los he visto reconocer la transexualidad que siempre había estado, darle voz y nombre
y resistir
entre mares de ignorancia y violencia desde todos los frentes.

Los he visto dejar de utilizar las puntuaciones correctas porque han internalizado que los textos no se terminan,
que vivimos entre los huecos, que el sentido está entre las líneas y estamos todas en el mismo barco hacia ninguna parte,
los he visto amarrarse las piernas a colchonetas inflables queriendo practicar bondage y yoga porque no había más religiones posibles.

Los he visto a quienes han aprendido tanto de política a través de internet
que se han sentido abrumados por todo lo que sabían sobre el mundo y se fueron a beber.

A quienes han aprendido a automutilarse, a construir casas de adobe y grandes jardines de permacultura, a cocinar comidas exóticas de pueblos extintos, a viajar sin dinero y a restaurar muebles traídos de la calle, a quienes han aprendido a deconstruir los perniciosos ideales del amor romántico
a través de tutoriales de youtube.

Los he visto enamorarse de youtubers.
Las he visto en la más honda errancia
de país en país, de trabajo de trabajo, de cuerpo en cuerpo.
Las he visto modificarse el cuerpo como ninguna otra generación jamás en la historia.

He visto
a las mujeres de mi generación
criadas como silentes y muñecas,
las he visto rebelarse y quemar escuelas vencidas y reinventar el lenguaje.

Y los he visto llorar
a todos
porque no les alcanza la piel, porque no les alcanza la vida,
porque no les alcanza un poema
para expresar
todo lo que han visto.
 
 
 
(Fuente: Emma Gunst)





 

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