MARCHA FÚNEBRE PARA ART TATUM
Negro y ciego, pianista en bares, boîtes,
interpretaba Porter con las manos de Liszt.
A la muerte también le gusta el jazz:
por eso nunca pudo llegar a París.
Ella hizo con su mano un ademán
de gángster en las teclas de marfil,
y le dio el tono con el que empezar
en ese club privado sucio y ruin.
Un contrato perpetuo: whiskies de soledad
lo templan, negro y ciego, y él desnuda,
hasta hacerlas sublimes, todas las melodías.
Cerrado, el piano todavía es música:
el ataúd de Art Tatum, donde ensaya
con sus violáceos dedos en la lluvia
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de "Los motivos del lobo", en "Todos los poemas (1975-2012)", Austral, Barcelona, 2015
(Fuente: Jonio González)
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