domingo, 11 de octubre de 2020

Gilberto Owen (México, 1904 - 1952)

 

 

SINDBAD EL VARADO

(BITÁCORA DE FEBRERO)


 

 

Encontrarás tierra distinta de tu tierra, pero tu

alma es una sola y no encontrarás otra.

Sindbad el marino

 

Because I do not hope to turn again

Because I do not hope

Because I do not hope to turn.

T.S. ELIOT

 

 

 

Día primero,

EL NAUFRAGIO

 

Esta mañana te sorprendo con el rostro tan desnudo que temblamos;

sin más que un aire de haber sido y sólo estar, ahora,

un aire que te cuelga de los ojos y los dientes,

correveidile colibrí, estático

dentro del halo de su movimiento.

Y no hablas. No hables,

que no tienes ya voz de adivinanza

y acaso te he perdido con saberte,

y acaso estas aquí, de pronto inmóvil,

tierra que me acogió de noche náufrago

y que al alba descubro isla desierta y árida;

y me voy por tu orilla, pensativo, y no encuentro

el litoral ni el nombre que te deseaba en la tormenta.

 

Esta mañana me consume en su rescoldo la conciencia de mis llagas;

sin ella no creería en la escalera inaccesible de la noche

ni en su hermoso guardián insobornable:

aquí me hirió su mano, aquí su sueño,

en Emel su sonrisa, en luz su poesía,

su desamor me agobia en tu mirada.

Y luché contra el mar toda la noche,

desde Homero hasta Joseph Conrad,

para llegar a tu rostro desierto

y en su arena leer que nada espere,

que no espere misterio, que no espere.

 

Con la mañana derogaron las estrellas sus señales y sus leyes

y es inútil que el cartógrafo dibuje ríos secos en la

palma de la mano.

 

 

 

Día dos,

EL MAR VIEJO

 

Varado en alta sierra, que el diluvio

y el vagar de la huida terminaron.

 

Te ascendieron a cielo, mar, y a turbios

y lentos nubarrones a tu oleaje.

Por tu plateada orilla de eucaliptos

salta el pez volador llamado alondra,

mas yo estoy en la noche de tu fondo

desvelado en la cuenta de mis muertos:

 

el Lerma cenagoso, que enjugaba

la desesperación de los sauces;

el Rimac, sitibundo entre los médanos;

el helado diamante del Mackenzie

y la esmeralda sin tallar del Guayas,

todos en ti con mi memoria hundidos,

mar jubilado cielo, mar varado.

 

 

 

Día tres,

AL ESPEJO

 

Me quedo en tus pupilas, sin convite a tu fiesta de fantasmas.

Adentro todos trenzan sus efímeros lazos,

yo solo afuera, y sin amor, mas prisionero,

yo, mozo de cordel, con mi lamento, a tu ventana,

yo, nuevo triste, yo, nuevo romántico.

 

Dentro de ti, las nupcias de hielo al sol del árbol y la nube,

pareadas risas que se pierden por perdidos senderos,

la inevitable luna casi líquida,

el agua rota en trinos y en su música un lirio y una abeja en su estigma

y en su aguijón tu anhelo de olvidarme.

 

Yo, en alta mar de cielo

estrenando mi cárcel de jamases y siempres.

 

Dentro de ti, la casa, sus palmeras, su playa,

el mal agüero de los pavos reales,

jaibas bibliopiratas que amueblan sus guaridas con mis versos,

y al fondo el amarillo amargo mar de Mazatlán

por el que soplan ráfagas de nombres.

Mas si gritan el mío responden muchos rostros que yo no conocía

o que borró una esponja calada de minutos,

como el de ese párvulo que esta noche se siente solo e íntimo

y que suele llorar ante el retrato

de un gambusino rubio que se quemó en rosales de

sangre al mediodía.

 

 

 

Día cuatro,

ALMANAQUE

 

Todos los días 4 son domingos

 

porque los Owen nacen ese día,

cuando Él, pues descansa, no vigila

y huyen de sed en sed por su delirio.

 

Y, además, que ha de ser martes el 13

en que sabrán mi vida por mi muerte.

 

 

 

Día cinco,

VIRGIN ISLANDS

 

Me acerco a las prudentes Islas Vírgenes

(la canela y el sándalo, el ébano y las perlas,

y otras, las rubias, el añil y el ámbar)

pero son demasiado cautas para mi celo

y me huyen, fingiéndose ballenas.

 

Ignorantina, espejo de distancias:

por tus ojos me ve la lejanía

y el vacío me nombra con tu boca,

mientras tamiza el tiempo sus arenas

de un seno al otro seno por tus venas.

 

Heloisa se pone por el revés la frente

para que yo le mire su pensar desde afuera,

pero se cubre el pecho cristalino

y no sabré si al fin la olvidaría

la llama errante que me habitó sólo un día.

 

María y Marta, opuestos sinsabores

que me equilibraron en vilo

entre dos islas imantadas,

sin dejarme elegir el pan o el sueño

para soñar el pan por madurar mi sueño.

 

La inexorable Diana, e Ifigenia,

vestal que sacrifica a filo de palabras

cuando a filo de alondras agoniza Julieta,

y Juana, esa visión dentro de una armadura,

y Marcia, la perennemente pura.

 

Y Alicia, Isla, país de maravillas,

y mi prima Águeda en mi hablar a solas,

y Once Mil que se arrancan los rostros y los nombres

por servir a la plena de gracia, la más fuerte

ahora y en la hora de la muerte.

 

 

 

Día seis,

EL HIPÓCRITA

 

Este camino recto, entre la niebla,

entre un cielo al alcance de la mano,

por el que mudo voy, con escondido

y lento andar de savia por el tallo,

sin mi sombra siquiera para hablarme.

Ni voy —¿a dónde iría?—, sólo ando.

 

Niebla de los sentidos: no mirar

lo que puede esperarme allí, a diez pasos,

aunque sé que otros diez pasos me esperan;

frígida niebla que me anubla el tacto

y no me deja oírla ni gustarla

y echa el peso del cielo a mi cansancio.

 

Este río que no anda, y que me ahoga

en mis virtudes negativas: casto,

y es hora de cuidarme de mi hígado,

hora de no jurar Su Nombre en vano,

de bostezar, al verme en el espejo,

de oír silbar mi nombre en el teatro.

 

 

 

Día siete,

EL COMPÁS ROTO

 

Pero esta noche el capitán, borracho

de ron y de silencios,

me deja la memoria a la deriva,

y este viento civil entre los árboles

me sabe amar, me sabe a mar colérico en los mástiles,

a memoria morosa en las heridas,

a norte y sur de rosa de los tiempos.

 

 

Día ocho,

LLAGADO DE SU MANO

 

La ilusión serpentina del principio

me tentaba a morderte fruto vano

en mi tortura de aprendiz de magia.

 

Luego, te fuiste por mis siete viajes

con una voz distinta en cada puerto

e idéntico quemarte en mi agonía.

 

Lascivia temblorosa de las tardes de lluvia

cuando tu cuerpo balbucía en Morse

su respuesta al mensaje del tejado.

 

Y la desesperada de aquel amanecer

en el Bowery, transidos del milagro,

con nuestro amor sin casa entre la niebla.

 

Y la pluvial, de una mirada sola

que te palpó, en la iglesia, más desnuda

vestida en carmesí lluvia de sangre.

 

Y la que se quedó en bajorrelieves

en la arena, en el hielo y en el aire,

su frenesí mayor sin tu presencia.

 

Y la que no me atrevo a recordar,

y la que me repugna recordar,

y la que ya no puedo recordar.

 

 

Día nueve,

LLAGADO DE SU DESAMOR

 

Hoy me quito la máscara y me miras vacío

y ves en mis paredes los trozos de papel no desteñido

donde habitaban tus retratos,

y arriba ves las cicatrices de sus clavos.

 

De aquel rincón manaba el chorro de los ecos,

aquí abría su puerta a dos fantasmas el espejo,

allí crujió la grávida cama de los suplicios,

por allá entraba el sol a redimirnos.

 

Iba la voz sonámbula del pecho combo al pecho,

sin tenerse a clamar en el desierto;

ahora la ves, quemada y sin audiencia,

esparcir sus cenizas por la arena.

 

Iba la luz jugando de tus dientes a mis ojos,

su llamarada negra te subía de los hombros,

se desmayaba en sus deliquios en tus manos,

su clavel ululaba en mi arrebato.

 

Ahora es el desvelo con su gota de agua

y su cuenta de endrinas ovejas descarriadas,

porque no viven ya en mi carne

los seis sentidos mágicos de antes,

por mi razón, sin guerra, entumecida,

y el despecho de oírte: “Siempre seré tu amiga”,

para decirme así que ya no existo,

que viste tras la máscara y me hallaste vacío.

 

 

Día diez,

LLAGADO DE SU SONRISA

 

Ya no va a dolerme el mar,

porque conocí la fuente.

 

¡Qué dura herida la de su frescura

sobre la brasa de mi frente!

 

Como a la mano hecha a los espinos

la hiere con su gracia la rosa inesperada,

así quedó mi duelo

crucificado en tu sonrisa.

 

Ya no va a dolerme el viento,

porque conocí la brisa.

 

 

 

Día once,

LLAGADO DE SU SUEÑO

 

Encima de la vida, inaccesible,

negro en los altos hornos y blanco en mis volcanes

y amarillo en las hojas supérstites de octubre,

para fumarlo a sorbos lentos de copos ascendentes,

para esculpir sus monstruos en las últimas nubes de la tarde

y repasar su geometría con los primeros pájaros del día.

 

Debajo de la vida, impenetrable,

veta que corre, estampa del río que fue otrora,

y del que es, cenote de un Yucatán en carne viva,

y Corriente del Golfo contra climas estériles,

y entrañas de lechuzas en las que leo mis augurios.

 

Al lado de la vida, equidistante

de las hambres que no saciamos nunca

y las que nunca saciaremos,

pueril peso en el pico de la pájara pinta

o viajero al acaso en la pata del rokh,

hongo marciano, pensador y tácito,

niño en los brazos de la yerma, y vida,

una vida sin tiempo y sin espacio,

vida insular, que el sueño baña por todas partes.

 

 

 

Día doce,

LLAGADO DE SU POESÍA

 

Tu tronco de misterio es lo que me apuntala un cielo en ruinas.

Mis ojos solos no podían ya evitarme su caída.

Me enredo en sus raíces de lecturas mal soñadas,

me agosto en su hojarasca de frustradas invenciones,

pero tu tronco sobrevive a mis inviernos.

 

Lo ven por fuera, retorcido, muerto, oscuro,

pero hay una rendija para fisgar, y miro:

 

Yo voy por sus veredas claustradas que ilumina

una luz que no llega hasta las ramas

y que no emana de las raíces,

y que me multiplica, omnipresente,

en su juego de espejos infinito.

 

Yo cruzo sin respiro por su aire irrespirable

que desnuda un prodigio en cada voz con sólo dibujarla

y en cada pensamiento con sentirlo.

 

Me asomo a sus inmóviles canales y me miro

de pájaro en el agua o de pez en el aire,

ahogándome en las formas mutables de su esencia.

 

........

 

 

(Fuente: Círculo de poesía)

 

 

 

 

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