viernes, 9 de octubre de 2020

Eduardo Rezzano ( La Plata, Buenos Aires, 1968)

 

 

Línea

 

Dibujé una línea e hice mil promesas de no traspasarla, pero

inesperadamente había quedado atrapado del lado equivocado.

“Error de principiante”, me dije y la borré con un trapo sucio

que encontré detrás de la heladera.

 

Ahora trabajo con volúmenes semitransparentes, que van

ocupando el espacio reservado a las telarañas y los olvidos,

y disfruto cada vez menos de la perfecta proporción que me

ofrecen mis precarios conocimientos de geometría, robados a

la infancia

 

 

 

 

Vecinos

 

Cada mañana me despierta

el cuchicheo de los vecinos

 

se han tomado la costumbre

de saltar el tapial

y cuchichear en mi patio

 

Los escucho a través

de la persiana baja

mientras dudo si debería

salir a espantarlos

con gritos y palos de escoba

 

Cuando por fin me decido

por una actitud amistosa

y aparezco con la pava y el mate

me encuentro con que se han ido

 

Una vez me faltó un malvón

otra la regadera de lata

aquella que pretendían mis primos

cuando murió el abuelo Ismael

 

 

 

Animales mitológicos  

 

“¡No podemos dejarte diez minutos! ¡Siempre es lo mismo!

¡Siempre, el mismo desastre!”

 

Más o menos así sonaban los gritos de la casa del fondo. No

sé si le hablaban a un nene, a un perro, a un cerdo, a un jabalí,

o a un escarabajo. Nunca lo pude saber porque en la casa

del fondo no vivía nadie –estaban todos muertos.

 

 

 

Un sueño

 

Esta madrugada soñé que ya era la mañana siguiente y que

un amigo al que había visto a la noche estando despierto

había muerto. En el sueño le avisé a otro amigo, muerto en la

vida real, y juntos fuimos a la casa del fallecido a cerciorarnos

de que mi información fuera correcta. Él me preguntó

cómo me había enterado de la triste noticia, y le contesté que

lo había soñado.

 

 

 

(Fuente: Música rara)

 

 

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