Las cartas de relación de Hernán Cortés
Yo mandé mis hombres a mirar las montañas lejanas
acompañados por nativos del lugar, pisando piedras incandescentes
pasando por encima de las hierbas mágicas
tratando de dar objetividad a los humos que salían de las
puntas de sus colinas altas como senos de mujer.
Quería dar una relación exacta de lo que estaba lejos.
Quería ser testigo fiel ante los Reyes y Gobernadores
de lo que mis ojos (o los ojos de otros cronistas) veían
en este continente, quería en el fondo, modificar las ilusiones
de los ensueños colectivos y acercarme a una zona
que era más científica que las meras suposiciones de los volcanes.
En el fondo mandaba que el discurso estuviera libre de toda torpeza
imaginaria, sabiendo que el progreso es una forma del poder.
De la misma manera observaba (trataba) a las mujeres de piel
de color canario de la costa, colocándolas bajo la luz del haz de reflexiones
pero en ambos casos fracasaba porque jamás pude entender cómo
esas montañas exhalaban humo o cuál era el límite que cerraba
a los cuerpos de las mestizas
cuando ellas se abrían bajo el sol de la meseta mexicana.
Desde entonces vago por estas tierras
como una sombra del Infierno
y no puedo regresar a sus orillas porque al quemar las naves
pasé del reposo a una inquietud desolada.
(de Laboratorio Central, 1991)
(Fuente: Hugo Toscadaray)
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