domingo, 12 de abril de 2020

Arturo Corcuera (Perú, 1935 - 2017)



BALADA DEL PEQUEÑO LEGADO A PROPIOS Y EXTRAÑOS 

 

Hoy día de mis funerales,
les dejo a todos, equitativamente, mi cuerpo injuriado por los años,
los vientos y los pájaros.
A Rosi, mi mujer, le dejo mis labios besados por la muerte, esa desconocida.
A los hijos, mis ojos (nunca cerrados ni cuando sueñan).
Mis patas de gallo, a la muchacha que me observa taciturna y ya
no espera, en la noche de su corazón, una madrugada. Para ella
también mi pelo blanco.
El gesto, menos rígido, a mis hermanos.
Mis pulmones, que no probaron cigarrillo, a quien le hiciera falta
un poco de oxígeno.
Mi apretón de manos al forastero que a menudo tocó mi puerta.
Partículas de estrellas mis testículos y mis genes al espacio sideral.
Mis piernas flacas, a los caminos (todos conducen a las nubes o a
los cipreses.
Mis tobillos, al oscuro andarín de la noche.
El rubor de mi palidez, a los crepúsculos.
Al grillo, mis cuerdas de juglar.
Mi capa, a los murciélagos.
Mi memoria al mar.
Al muelle de Salaverry, mi pañuelo de adiós: me voy con las gaviotas detrás de los barcos.
Mis delirios, al viento de Chillán y su antología de Aire.
El madero vacío, a los gusanos (siento decirles que se quedarán sin cena).
A los amigos mi última broma: no les dejo nada.
Les dejo todo: el encargo de incinerarme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario