lunes, 13 de abril de 2020

Carlos Aprea (La Plata, Argentina, 1955)




EL NÁUFRAGO



No sabíamos que era pescador.
Y un día fue salvado de las aguas del río.
De cómo pasó a ser un sobreviviente,
un náufrago famoso, dieron cuenta los diarios.
Nosotros sospechamos que fue un fraude.
Hace rato que no tiene pesca alguna.
Hace rato que naufraga en su taller,
acosado por un silencio de manubrios
y cadenas oxidadas y los espectros
de ciclistas de gorra calada
y broches en las botamangas.
De algún modo sabe que la fama
es un cuento muy corto.
Se gasta más rápido que la goma
de los frenos y hay que impedir la caída
desde los propios pies.
Por eso ya no escucha ni comenta más nada,
apenas balbucea y su sordera crece,
pero entiende por gestos
si se arruinó un gomín
o el pibe no tiene con qué pagarle.


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