Pie cortado
a
Guillermo Lombardía, poeta (1952-2007)
Porque te había
escrito luego de verte,
casi sin darme
cuenta, una pobre rima:
“oh almirante,
nuestro almirante yermo,
barco varado en
cama de hospital,
tu triste figura
caballero indolente
resistirá la
cera de Madame Tousaint”
y también, porque
circularon por aquí esas versiones
sobre aduladores que
esperaban como en Zorba,
un final repentino
para saquearte los cajones:
“el mármol
argentino o el bronce lapidario
con que algún
fisgón advenedizo,
aprendiz de
vampiro,
quiera silenciar
tus repentinas
pantagruélicas
inconveniencias
bajo la máscara
risueña
de la falsa
adoración”,
y como esperaba que
recibieras mi mensaje
(en la estúpida
confianza de las botellas al mar)
te sugería:
“ojala un gesto
tuyo y definitivo
avente esa
carroña”
pero no quería
hablarte de cosas tristes
y te cité tal cual,
como lo hago ahora:
“porque tampoco
quiero hablar de cosas tristes”
porque te vi y aún
te veo:
“…horizontal,
como esa pampa
donde un matungo
oscuro
llevó maná del
cielo por los arrabales”
y sentí como aún
siento que:
“tu museo
navega con velas desplegadas
entre los
detritus del porvenir
aun cuando
alguien quiera
cuadrar tu
insensatez
silenciar la voz
debilitada
de tu preciado
oficio”
yo, un grumete,
observaba:
“también sos
tripulante
de ese barco
fantasma
que recorre el
mundo
alentando la
callada revuelta
la multiplicación
de soles
y las altas
mareas”
clavado en esa
imagen del Policlínico
que no hacía
justicia a tu humanidad
pretendía pedirte:
“que no te gane
el sueño
todavía
que se demore
y que aún te
bañe el agua de las fiestas”
todo muy emotivo,
todo inútil.
Y al fin de cuentas
¿con qué derecho?,
te fuiste igual
y uno queda,
frente a tus versos
poderosos,
brindando en
soledad.
(Fuente: Los poetas no van al cielo, blog)
No hay comentarios:
Publicar un comentario