lunes, 13 de abril de 2020

Carlos Aprea, (La Plata, 1955)



Pie cortado

a Guillermo Lombardía, poeta (1952-2007)


Porque te había escrito luego de verte,
casi sin darme cuenta, una pobre rima:

oh almirante, nuestro almirante yermo,
barco varado en cama de hospital,
tu triste figura caballero indolente        
resistirá la cera de Madame Tousaint”

y también, porque circularon por aquí esas versiones
sobre aduladores que esperaban como en Zorba,
un final repentino para saquearte los cajones:

el mármol argentino o el bronce lapidario
con que algún fisgón advenedizo,
aprendiz de vampiro,
quiera silenciar tus repentinas        
pantagruélicas inconveniencias
bajo la máscara risueña
de la falsa adoración”,

y como esperaba que recibieras mi mensaje
(en la estúpida confianza de las botellas al mar)
te sugería:

ojala un gesto tuyo y definitivo
avente esa carroña”                           

pero no quería hablarte de cosas tristes
y te cité tal cual, como lo hago ahora:

porque tampoco quiero hablar de cosas tristes”         

porque te vi y aún te veo:

“…horizontal, como esa pampa
donde un matungo oscuro
llevó maná del cielo por los arrabales”

y sentí como aún siento que:

tu museo navega con velas desplegadas
entre los detritus del porvenir
aun cuando alguien quiera
cuadrar tu insensatez
silenciar la voz debilitada
de tu preciado oficio”

yo, un grumete, observaba:

también sos tripulante
de ese barco fantasma
que recorre el mundo
alentando la callada revuelta
la multiplicación de soles
y las altas mareas”

clavado en esa imagen del Policlínico
que no hacía justicia a tu humanidad
pretendía pedirte:

que no te gane el sueño
todavía
que se demore
y que aún te bañe el agua de las fiestas”

todo muy emotivo, todo inútil.
Y al fin de cuentas ¿con qué derecho?,
te fuiste igual
y uno queda,
frente a tus versos poderosos,
brindando en soledad.





(Fuente:  Los poetas no van al cielo, blog)

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