El poder de unos límites
2-
Escucho voces en el silencio
de la planicie o pampa.
Hablan las almas muertas y vivas
que han sido conmigo en mí.
Esa primera persona donde confluyen
río y mar, dos órdenes o filiaciones,
recuerda.
Se dice de mí: “por qué el tú”.
Porque ahí nace el plural.
Estoy en el vestíbulo de mi ojo por primera vez.
Una pequeña judía de la estepa
que subsiste en el bosque consumiendo raíces
(se hizo quitar el lunar de la espalda
porque su varón era lento e impresionable),
trató de entrar a la antigua luz
por la fuerza y prendió velas rústicas
para incendiar su lista de mortificaciones.
(declinar latines en lenguas de pastores;habitar
casas que otros habían olvidado incendiar).
Ese resto de sí era una horquilla de oro.
“Alondra”, murmuraba.
Ninguna cosa era ya comestible
y sus maestros habían usado con ella
la vara de azotar.
5-
Venciendo la resistencia natural a los atributos
del padre,
dieron a luz, los hijos: una carta manuscrita,
un pincel seco, la superficie de una pintura
con la huella de uno de sus dedos, el índice.
La ausencia absoluta de un padre es ominosa.
Este padre no cesaba de estar presente in absentia.
Sus menores detalles florecían.
El cuarto ceremonial era bebible y comestible
como el cuerpo de un padre.
La que ovula la voz es la cantora.
Los que distribuyen los ornatos del joven padre
son varones ungidos.
La luz llega trizada en devanados caireles.
No hubo mujer aquí que pulsara la jodida cabeza
11-
Hoy abracé mi circunspección.
Mi circunspección era un cestito
de mala costurera desbordado
de agujas, me dispersé, me dividí, me desbarranqué,
en lo separado de mí viví,
en esa fragilidad de tolderías.
14-
Mi alegría
era igual a doce cabras etíopes
paradas en la luz.
Fui alegre como una de las doce
cabras etíopes,
secó mi alegría
como se pasa la uva
y por eso
no hablaron
el dialecto de mi corazón.
Vos sí escuchaste
en lo alto de tus labores, un grito
y fuiste interrumpido
y algo te rozó
y enseguida olvidaste
porque lo que se ignora
es neutro a nuestro saber
e informulado.
15-
Aquel color, ese olor,
las partes húmedas
y blandas del ojo
con el vino en los labios,
la sangría en su jarra
empañada, y las palabras
vulgares que al cuerpo
descontentan. Cómo pudiste
perder el cuerpo a cambio
de una lengua cerril.
De esas memorias tristes
han nacido estos partos,
necesito aguas,
preciso que otras
rompan aguas por mí.
Una poesía que sea un santuario en ruinas
Una poesía que sea un santuario en ruinas
a punto de renacer.
Seca, ardua, indigerible y mala, muy mala,
como el veneno. Un canto. Que desgarre
la superficie de lo neutro. El ruido de una roca
partiéndose a causa del agua congelada
que estalla en el vidrio de tu alucinación.
La rotura de mi clavícula en aquel accidente
automovilístico: el instante en el que se comienza
a rebotar sin control dentro de la cabina del auto
antes de perder la conciencia y el miedo.
(Fuente: Música rara, blog)
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