Ayer por la noche soñé que me volvía
tu pisapapeles. No parece
correcto. Pareciese un signo de que necesito
pasar más tiempo por mi cuenta, así que
llamo a mi amigo y lo llevo a la tienda
llena de sobrevaluadas piedras curativas. Quiero
que las mujeres comprando sepan que no estoy
con mi amigo. Quiero que sepan
cuán bien me va con mis aventuras
en la independencia. Estoy lista para gritar:
¡Mira mi saludable nueva vida! Pero mi amigo
cree que es una mala idea asustar a las personas
en un lugar con tantas cosas duras arrojables.
¿Habrían de herirme? Estas mujeres
lucen como si oliesen como magnolias rosadas
o a colofonia si es que me acercase lo suficiente,
pero no lo haré. Estoy demasiado ocupada buscando
la piedra que mejor me represente —no es
la azul moteada con pedacitos de Dios,
o la obsidiana en forma de oreja. No es
ninguna pulida— y pienso
sobre qué tan difícil me resulta creer
en el primer Adán porque si Adán
tuviese el poder de nombrar a todas las cosas,
todas las cosas se llamarían Adán.
Luego pienso: Esa es una idea bastante brillante.
No se la digo a mi amigo. No se la digo
a las mujeres magnolia. ¿Todavía
cuentan, estas horas que he pasado por mi
cuenta, todavía cuentan si estoy guardando
todas mis ideas más brillantes para ti?
Vers. Matheus
Calderón
(Fuente: Jampster)
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