Tres impresiones
Por
Por los que nacen con las manos y los pies atados. Por los que gritan desnudos a lo desconocido y sólo les responde el eco de su grito. Por los que se extravían en largos corredores y no regresan. Por los que miran hacia la claridad y ven una luz que, sin remedio, se fragmenta. Por los que se asfixian en un aire inmóvil. Por los que sólo disponen de ponzoña para curar la herida en su brazo. Por los que son convocados a contemplar cuando les han sido arrancados los ojos. Por los que sudan en pleno invierno. Por los que mastican y rumian una materia anónima y apagada.
Nada se me pide
Nada se me pide; aquí la salvación y aquí la desgracia. No se me pide escribir y escribo, desde la vida ante la muerte y desde la muerte ante la vida. En ocasiones, un jardín y, en otras, baldío; nada se me pide y escribo porque no se me pide escribir y al escribir vivo y muero, sueños con amantes debajo de las sábanas y, al despertar, largas galerías recorridas por sombras. Escribo: qué me libra y qué me retiene, qué me anima y qué me hace vegetar; de qué mínimo, mísero, olvidado dios soy imagen y a qué carne humana, lacerada, convulsa entrego cada amanecer mi propia carne.
Paisaje
A Mirta Kupferminc
Abiertas márgenes y música desde las piedras. Tal vez silencio desde oscuras, antiguas rocas. Voces desconocidas que invitan al almuerzo y al amor. Espejos que reflejan relámpagos desde antes de la tormenta y un pulso estelar que se abre paso entre masas de arcilla y cuerpos anhelantes. ¿Puede la belleza adquirir un sexo y un idioma mientras la vida anda de a pie entre lo que tiembla y fulgura? Campos de algas para ser soñados, extenso secreto libre de grumos, que no concluye en caridad, en sulfuro, en falla.
(Fuente: La Mecánica Celeste)
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