Veintiuno. Noche. Es lunes.
La capital, sus contornos, en la bruma.
¿Qué necio imaginó que existe
el amor sobre la tierra?
Entregados a la pereza y al tedio
todos le han creído y así viven:
acuden a sus citas, temen las despedidas
y entonan canciones de amor.
Pero algunos llegan a descubrir el secreto
y cae sobre ellos el silencio.
El mío fue un descubrimiento fortuito
y desde entonces vivo como enferma.
Petersburgo, enero de 1917
Trad. José Manuel Prieto González
(Fuente: Cecilia Pontorno)
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