LA OVEJA
¿Levantar la cabeza?
¿Dónde cree que estamos, en la Patagonia?
Samuel Beckett
Atrapada por el cuello al alambre de púas, un mal movimiento la degollaría. La oveja desliza milímetros su cabeza hasta quedar inmóvil a la espera de una solución que escapa a sus propios movimientos. Su cabeza no piensa, ni esboza cursos de acción, apenas percibe el suave ardor de los alambres puntiagudos, mientras a unos metros del alambrado los vehículos atraviesan la soledad. Pasan sin verla, o ven apenas la imagen fugaz de una oveja que permanece muy cerca de la ruta, en una inmovilidad sólo rota por gestos imperceptibles. Atrapada por el cuello al alambre de púas, oye la secuencia creciente y luego decreciente de los motores, quieta se queda y algo semejante al placer percibe cuando logra la quietud absoluta. Empieza a dolerle cuando se adormece, y así se despierta, y vuelven a nublarse sus ojos azules hasta que regresa el dolor que para ella no tiene nombre. No puede estimar la duración de la noche ni aspira al azar de alguien que atine a separar su cabeza del alambre.
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PALOMAS DESALMADAS
Plumas de palomas gordas brillan bajo el sol de abril, la luz intensa las oculta menos de lo necesario. Pájaros de la paz romana, domésticos, portadores de símbolos de superficie, materia grasa, expertos en masticar las cáscaras. Hay aquí y en todo recorrido pájaros así; ni siquiera las gaviotas cocineras, cuando vuelan pesadas tras la basura de los navíos cubiertos de óxido, apañan tan bien la tristeza de las tardes de olvido. Hay aquí paredones con leyendas que remiten a políticos muertos o presos, paredones de bloques bastos donde la turba orina de madrugada, tanques de agua cubiertos de moho y salitre; pero peor es ver la retirada silenciosa del atardecer, cuando los trabajadores regresan a las calles de barro, y las palomas apenas si se desplazan unos centímetros, estúpidas, desalmadas en su imagen de inocencia inútil.
(Punta Quilla)
(Fuente: Daniel Freidemberg)
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