jueves, 7 de julio de 2022

Pia Tafdrup (Dinamarca, 1952)

 

 







 

RECREO MACROCOLECTIVO

 

En una sociedad dentro de una sociedad,

ahí vivo. Con una cinta de cuero

trenzada y sin mucha ropa.

Me despierto hacia mediodía

con los tímpanos temblando

por las notas de rock que retumban

entre las tiendas de campaña del lugar

y los pájaros del terreno

deben abandonar sus marcas.

Igual que yo en las noches estrelladas

me tambaleo, me balanceo y caigo

dormida con las oleadas

de conciertos de alta frecuencia.

Uso la ducha portátil

común. Hago la compra

en la tienda provisional. Me como

un revoltijo planificado

de verduras biodinámicas

y arroz sin procesar. De agrio

y dulce equilibrado

con amargo y salado. Paso

pocas horas sobria a pleno día

en happenings espontáneos

en la arena. O escucho

discusiones de las reuniones conjuntas.

Sobre anarquía. Sobre utopía. La vida

fuera de las leyes existentes

se muestra caracterizada por otras

leyes. Me tumbo en la hierba y río

hacia el sol después de la borrachera. Una

risa infinita. O participo

descalza en una fiesta. Con costo,

priva y caricias colocadas. Las ideas

se propagan. Con desenfreno.

Un espíritu pionero ha levantado

un tiovivo con coloridas

cabañas y tiendas. Hecho

sitio para las hogueras. Construido

las calles de pueblo. Montado

los tenderetes cojos

de las calles del Colocón y de Nepal

junto con un cobertizo para astromasajes

no muy lejos de la calle del Solano.

Una carrera de conejos y niños

educados gnósticamente entre

las tiendas. Por perros, cabras,

personas pintadas. Con

y sin pantalones. En un continuo

y mutante alucine común.

Soplo a soplo me levanto

a mi propio ritmo tranquilo.

Las vibraciones se expanden. Solo

la pura fantasía puede transmitir

fuerza dinámica desde la fricción

del mar de vuelta a la luna.

Me levanto mareada del campamento

de Thy. Donde nada se detiene

cuando ha terminado. De vuelta

para el último año de colegio.

Equipada con necesarios

conocimientos de primera mano de

un recreo macrocolectivo

en un planeta extraño.

Donde apenas pude vivir

más de una semana de mi vida.

 

BLANCO ENCABRITADO

 

Sangre roja, sangre blanca, sangre negra,

llenan el cerebro

hacen estallar el cráneo.

La tierra se agrieta, noche estrellada

sobre los campos cosechados de mi padre

donde siete caballos blancos nos llaman a que salgamos

con potentes relinchos.

-Esa gota en la memoria

es un océano lleno a rebosar.

Sangre roja, sangre blanca, sangre negra,

allí en el campo los caballos encabritados se detienen –

huidos

de un circo ambulante

o enviados,  ¿de dónde?

Nosotros no tenemos caballos en la granja,

pero ¡han venido a nosotros!

Sin sillas ni jinetes…

Estoy despierta

hasta el tuétano de mi espinazo,

 estoy galopantemente despierta.

Los poros de la piel se abren

desbocados,

la noche entra, fresca, clara.

Me ciegan

las panzas de blanco lunar de los caballos,

los oigo relinchar cuando nos ven

a mi padre y a mí.

Por un segundo descendente

los caballos levantan mi corazón

más alto –

de lo que nunca antes he volado en el espacio.

Caballos preparados a entrar de un salto en la noche,

salir fuera de un salto.

No hay cartel que ponga

Prohibida la entrada a los caballos

este planeta es un territorio abierto de par en par.

Todo puede pasar.

- Un océano de fuego y sal

lo inunda todo.

Pesados golpes de cascos se alejan,

después

insuperable crepúsculo. Retumbante.

 

ALEGRÍA

 

Primero está la alegría,
introducida de estraperlo por la frontera

atravesando un túnel estrecho.
La noche está por encima, ahogada en el mar,
metida bajo tierra, ha pasado miles de años sola.
Olores que ya existían
lo rodean todo,
los caballos bufan en el establo.
Despertarse con luz,
mirar el juego de sombras en el papel pintado,
oír los pájaros en las hiedras y arbustos.
Las voces y risas de los mayores,
una pista de aterrizaje segura
al otro lado de la pared.
Primero está el jardín de la mañana
al sol,
su manera de iluminar al corazón.
Las manzanas caen sobre la hierba cálida,
los insectos ascienden
desde los pétalos de las flores.
Primero está la apertura
que pronto se cerrará,
sin rostro.
Primero está la confianza,
que será engullida con facilidad
por el miedo galáctico.
Primero está la alegría,
que recién nacida mana
hacia el mundo, soñándolo.
Luego le sigue la pena, luego la ira,
y alguien dice:

 ̶  Que la paz sea con ello.
La vida es la muerte que vendrá,
pero primero está la alegría.

 

FILO EXTERIOR

 

El lago con los gatitos ahogados,
en él
patinamos, herimos
al invierno espejado.
Filo interior y filo exterior
ejecutados por mi madre
con un niño en la barriga,
patina hacia atrás
sacando el trasero hacia fuera
y los brazos en horizontal,
los patines deslizándose
 de lado a lado –
pero sobre todo
el sonido de fresadora
del metal recién afilado
contra el hielo,
un zumbido de chispas de nieve
saltan en la luz.
El lago con los gatitos ahogados,
en él
patinamos
cuando el hielo es lo bastante grueso
para olvidar
las patas que se agitaban en el aire
las garras que se extendían,
los animales ciegos hundiéndose,
pataleando en el saco
con la piedra pesada.
Las burbujas, como largos
ríos
en el agua negra,
donde los anillos tenían su centro
   como blanco de tiro,
en el mapa de alcance
de los misiles de Cuba.


LA MANO DE MI MADRE


Me baño en la quieta luz de una gota
y recuerdo cómo llegué a ser:
Un lapicero puesto en la mano,
la fresca mano de mi madre sobre la mía, cálida.
- Y así nos pusimos a escribir
entrando y saliendo de corales,
un alfabeto submarino de arcos y puntas,
de caracoles espirales, de estrellas marinas,
de blandientes tentáculos de pulpos,
de grutas y formaciones rocosas.
Letras que con sus cilios se abrían paso
vertiginosamente entre lo blanco.
Palabras como lenguados aleteando
y enterrándose en la arenav o anémonas oscilantes con sus cientos de hilos
en un quieto y único movimiento.
Frases como cardúmenes
que se hicieron de aletas y ascendían
y también de alas que en compás se agitaban,
palpitando como mi sangre que a tientas
golpeaba estrellas contra el cielo nocturno del corazón;
fue cuando vi que su mano había soltado la mía,
que yo hacía mucho, escribiendo, me había desasido de ella.

 

EL ABREVADERO DE LOS SUEÑOS

 

Aquel que tenga oídos para oír
escuchará un mar de música,
una corriente submarina de palabras
que se desliza por la penumbra y desaparece volando
con un recuerdo de nubes,
de sombras, de meandros
y del viento sobre la hierba.
Las aletas transparentes y de fina seda del pez,
una anal, una dorsal y una caudal,
dos ventrales y dos pectorales,
siete alas para viajar a la velocidad de la sangre
a través de los mares del mundo,
noche tras noche,
entre cráneos de delfines, caracoles
y ostras fósiles, entre verdes algas
que durante el día relumbran como una eterna primavera.
Siete colores en un arco iris
para surcar el cielo
como el primer ciervo del año
brincando por los campos.
Siete colores en un arco iris,
trazados con geometría
sobre el firmamento del alma,
mucho antes de que el más antiguo vertebrado
poblara el agua, una era
antes de que los primeros subieran a la tierra
para después dar vida a anfibios,
reptiles, aves y por fin a aquella
que ahora está sentada en silencio, escuchando.
Aquel que tenga ojos para ver
tendrá que escuchar bien
cuando caiga la lluvia, cuando las gotas
resuenen como la luz en la música,
puras como la primera eyaculación del muchacho,
y sobre todo después,
cuando un arco iris acústico
entre formaciones rocosas y altas montañas
ardiendo tenuemente se eleve desde el polvo
desplomándose hacia arriba,
y es entonces que uno, en un palpitante destello azul,
con euforia amará su propia vida,
porque es de uno,
y uno sabe que se cerrará
como la puerta de este poema
que ahora termina dando un portazo. 

(Fuente: La Parada Poética)

No hay comentarios:

Publicar un comentario