Quien mata
escurre
el agua presocrática,
el desfigurado suceder,
los copos helados de Tales,
el favor
de los astros y convoyes
sacrosantos
que sustantivan
la inagotable mentira
que rigen el universo
y sus técnicos parlantes.
Quien mata ríe.
No tolera
a sí ni en sí.
Y vuelve al punto de partida,
señorón,
perlado y azul,
gozoso de bríos
y ese gustito
pegado al paladar.
- Inédito-
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