RESTOS DE COMIDA
Yo recuerdo un sillón de maderas negras y rejilla,
un diccionario Parvus, un piso de mosaicos
catalanes, una baranda sobre un patio, unas arecas
las puertas con cortinas azules, y dentro
¡qué fresca el agua oscura en los porrones!
Yo recuerdo a Rosario y el juego de sus manos
sobre el canevá.
Yo recuerdo que era un niño que aprendía palabras.
Me llamaban por mi nombre a grandes voces:
siempre fui Manuel vete a bañar, Manuel
ven a dormir, Manuel llegó tu abuelo,
Manuel no gastes el arroz con las palomas.
Recuerdo que yo soñaba un barco
cargado de silencio para llegar a ser
Manuel dónde estás que no te oigo,
que ya está la mesa puesta y no resuellas.
Yo quería ser Manuel que no te encuentro.
Yo recuerdo que era un niño en una casa de huéspedes
y los tiestos bajo el tragaluz de polvo,
y mamá dando golpes a los ajos y a la carne,
qué dolor en el hombro, sal del cuarto.
Yo recuerdo y si me muero ¿mi padre no vendrá por mí?
Ya tenía las barandas de estribor y el velamen
de la claraboya. Me faltaba el mar;
pero los mosaicos catalanes no pueden ser el agua
ni ese sillón podría ser jamás una cueva ni un tesoro,
y corría y buscaba en los restos de comida
las cortezas de pan y con palillos
hacía una flota que esperaba la noche.
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en "Nueva poesía cubana", José Agustín Goytisolo, ed., Península, Madrid, 1970. En la imagen, Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, Cuba, 1936-Las Palmas de Gran Canaria, España, 2023) por Belkys Rodríguez.
(Fuente: Jonio González)
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