de "tratado sobre la yerbaluisa"
I
El arte de la yerbaluisa
Beber
un sorbo, después otro sorbo, como si probara suspiros limeños. El
primer sorbo, no muy caliente, llena todo el paladar, impregnándolo de
un sabor delicado mientras se escurre por la garganta hacia el estómago.
Ese primer sorbo, definitivo, como el big bang, llena de excelsitud al
ser y ayuda a comprender la estetización mental de la biología. El
segundo sorbo, probado cuando se ha llegado a la excelsitud del ser,
rememora el sabor del primero y ayuda a comprender la infinitud del
universo. El tercer sorbo, y los siguientes, hasta agotar la taza de
porcelana oriental, sitúan la mente en el mundo y al cuerpo en su máximo
de comodidad. Esta planta se puede recortar y, colocada bajo los rayos
del sol, ponerse a secar para utilizar luego en la infusión. Un puñado
de trozos de oro en la mano. Si se desea, se puede echar en la taza de
yerbaluisa tres cucharaditas de azúcar.
~
II
Arte / Ciencia
El
arte de preparar la yerbaluisa es también una ciencia exquisita que
permite contemplar el burbujear del agua cuando hierve, llenando la olla
entonces con hojas de yerbaluisa cortadas que, al instante, apenas se
ha entremezclado con el agua hirviente, producen un color dorado intenso
que recuerda el oro líquido que bebían los incas en Machu Picchu, e
impregna los ambientes de la cocina donde se lleva a cabo el ritual de
la yerbaluisa.
Se
hace necesario recortar la yerbaluisa en trozos agradables de modo que,
si no se agota con el uso constante, la planta al secarse recuerda los
trozos de oro que constituyen nuestro patrimonio.
La
yerbaluisa brota espontáneamente en todos los canales y acequias de
Cañete, lo mismo que en todas las tierras cultivables del Perú.
La yerbaluisa, lo mismo que este no tan farragoso escrito, es patrimonio cultural del Perú y de la humanidad.
~
III
Perú / Tahuatinsuyo
Tomar
yerbaluisa -una acción que, por lo demás, llena de placer nuestra
existencia y produce buena suerte- forma parte del ritual de la élite
incaica que, en sus momentos de máximo poder -el momento en que se
contempla la infinitud del mundo, desde lo más alto de los Andes-,
contemplaba ondear el arcoíris en el horizonte y reflexionaba sonbre el
líquido que serenaba la consciencia.
~
VII
El arte del sexo
Cuando,
debido a que tienes que trabajar, alejarte de tu casa, viajar porque
eres agente médico, ingeniero en la especialización que sea, técnico,
revolucionario, ama de casa, militar, profesional liberada; dejas de
hacer el amor y la consciencia que ello implica, aunque sin perder el
tedioso instinto sexual que lleva a la conquista sexual del universo,
desnudarse, amplia sonrisa de felicidad en los labios, y mientras la
amante se va arrodillando ante el enamorado con las puntas de los
pezones erotizadas bajando rítmicamente por el cuerpo del amado,
prepararse mentalmente para hacer el amor como si nunca se hubiera
hecho. Ese acto necesita un ritual que, como todo ritual, está basado en
la proporción matemática del ADN, lo mismo que de todo el cuerpo.
Descrito de muchas maneras, al hacer el amor, siempre habrá -como un sol
distinto cada día, según dice Heráclito-, lo quieras como no, un coito
novedoso diferente a lo largo de tu vida. Bajo el pubis, existe un
músculo maravilloso que -si no has hecho el amor durante años, o durante
meses-, una vez terminado el furioso acto sexual, produce la sensación
extrañísima de dolor, cansancio y placer, mientras se percibe la fresca
brisa de primavera modelándote el rostro. Ese músculo, diseñado bajo el
pubis, descubierto por los médicos y erotólogos, ciencia
sofistas/krisolistas, se llama la conciencia del plexo solar, y
significa la radiación del falo erecto si puede haber orgasmos sin
eyaculación, como dice el taoísmo, también es verdad que ello se
reproduce por retención del semen. De ese modo el descubrimiento de la
consciencia del plexo solar es percepción, análisis, y aporte peruano,
como la ceremonia de la yerbaluisa.
~
X
Simetría
Tan
bello como hacer el amor es pensar simétricamente al mover las piezas
del ajedrez: 64 cuadros fundan la variación infinita de la mente, tanto
como el placer causado por las 64 posturas fundamentales del Kamasutra.
Tanto el perfume francés Chanel como el pachulí hindú, convenientemente
usados, constituyen un despertar espléndido de la poderosa sexualidad
armonizada en todas las chakras del cuerpo humano. Si mis trabajos
filosóficos son superiores a Platón y Aristóteles no es por otra cosa
más que por la invención magnánima de mis matemáticas que expresa la
riqueza hecha universo.
Enrique Verástegui (Lima, 1950-2018) Tratado sobre la yerbaluisa. Lima: Caja Negra, 2012.
(Fuente: La comparecencia infinita)

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