domingo, 17 de julio de 2022

José Antonio Massone (Chile, 1950)

 


UNA INFANCIA 

 

Yo fui un niño que tuvo patio
con un perro que se perdió
una vez y hasta el día de esta
tarde no regresa.
 
Yo era un niño que olía tierra húmeda
y fue mío despedirme
de momentos como si el día
acostumbrara a morir.
 
Yo fui un niño en un patio
y ventolera con más ladridos
debajo de la tierra.
La nieve parece ahora menos blanca.
 
Yo era un niño que pactó con lagartijas
y queltehues invocando nuevas lluvias
en espera de pan con mantequilla.
 
Yo fui un niño y , de en medio
del patio, una acacia con nidos
fue arrancado.
Los años aún no dicen para qué.
 
Yo era un niño con un perro
al que asustó la muerte muy temprano
y el pálpito quedó mío sin deseos.
 
Yo quedé niño de patio sin acacia
ni perro, sin estar seguro de nada más.
En los otros
se quedaba la alegría.
 
 
 

TIEMPOS CUMPLIDOS 

 

En frente de la ventana
se explaya el patio ya maduro.
Dormita mi hermana enferma.
Más allá de sus ojos platican
las ramas intermitencia de horas,
acaso las más suyas desde
que la abandonan, esperan
y desesperan del día que ya vendrá.
Con lentitud la mira el soliloquio
sin sospechar lo que piensa,
con lentitud y con años que ya no son,
y con años que tampoco podrán ser.
A escasos metros de nosotros
maduras caen las ciruelas,
porque el tiempo de sus sazones
ha cumplido su trabajo de nodriza.
Es hora de que nos dejen
y en tanto ya caen, y siguen cayendo,
un aroma desprenden hacia lo alto,
un silente aroma que tampoco
corromperá la tierra.
 
 
 
ESCUCHE UNA VEZ DECIR: del sol en la ventana o de la emoción de un hombre que regresa o de una cruz torcida en la tierra
de la pena, no me interesa saber gran cosa. Eso lo escuché de labios autorizados por la terrible fama. ¿Qué pensar? me dije, acomodando mis ojos a los regresos de alguien, sabiendo que el día se lo pasa diciendo su multitud de rosa
y de cemento. Algo debí pensar
y no tuve palabras.
(Pido disculpas ahora a esos labios
que autorizara la terrible fama).
Hace falta más alma en la ventana
o aun si llueve y hay pena y una cruz se tuerce
en la ventisca.Hace falta, hace falta, tres veces
hace falta cuidarse de palabras y desdenes
como si jamás hubieses existido y nada tuyo
dijera que respiras. Hace falta, tantas veces
hace falta,mira que los plazos se lo llevan
cumpliendo sus prontitudes súbitas
y por eso mismo aúllan ausencia en ti los pasos
de alguien bajo el sol y una ventana enternece
la mirada. Cuídate de ti no por mucho tiempo
pulsaré aquí nuevas disculpas. A los cuatro corceles del Apocalipsis terminarás por rendir eso que niegas
 
 
 

SEGÚN 

 

Según sea el peso del corazón
alcanzan valor las palabras.
Un pájaro sobrevuela, siente alivio
y el anhelo por una mujer
conoce forma tibia, no saciedad.
De ello, lo mismo vale pensar
que sentir si hay encuentro.
Trémulo silencio;
deslízanse palabras
en el relieve de los cuerpos
y las caricias conocen el valor
de los resuellos. Estoy triste.
Ahora sigo alegre.
Tienes que ver con las sorpresas
de mi ánimo.
 
Todavía lejos queda el alma.
Lo siente el amanecer cuando
el primer vuelo del ave esparce tibiezas de nido.
 
De acuerdo al peso del corazón
las palabras son menos lejanas.
Que el sueño hable de ti,
la forma tibia descansa;
vuelve a ser tuyo el silencio
en los relieves del alba.
Este momento sabe algo
de eternidad
en la boca. Otra vez
 
 
(Fuente: Marcelo Sepúlveda Ríos)

 

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