Otro Cummings temprano
.
¿Recuerdas cuando el ocaso revoloteante
golpeando el oeste con suaves alas salvajes, se hundía
por el espacio, con la flecha de la noche en el corazón?
La faz del cielo turbada por el desangrar del día
Estaba velada en un silencio oscuro, y el almizcle
De la gloriosa rosa del verano respiraba en la penumbra.
Entonces desde la acerba voz y ojos relucientes del mundo,
El barullo y los desplantes de hombres y de cosas,
Avanzamos hacia el Silencio. Los fuertes vientos
De la Naturaleza nos aislaban de la multitud:
En lo alto, las estrellas como dormidas mariposas
Colgadas de las grandes grises flores de nubes.
Harvard Monthly, junio 1913
.
traducción Jan de Jager
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