PLEGARIA
PLEGARIA
En ese hueco entre las estrellas donde nada se ve
y habitan sin sustancia muchas Ellas,
guardado por dríades que no entran en él,
resonaría mejor la voz que se dirige al dios, exista o no.
Ese hueco como un cascarón invisible está habitado para vos
por invisibles eucaliptos, árboles fantasma
que ceñían una avenida de circunvalación que hoy es autopista:
más allá de ese límite pusieron unos abuelos sus palos godos,
habitaron cuervos de otro mundo sobre gavillas, sobre sus hombros;
se forjó una clase obrera descendiente del campesinado europeo.
Que nieve siempre sobre la nostalgia de la Lucania
y que caiga almidón y azufre sobre León.
Ahora que todo es Shanghái o transacciones rápidas sobre mostradores que no tienen fin
-en este universo de voces que dicen sin parar Yo pero no
encuentran ecos en sí mismos ni en nada ni en nadie-.
Dios: una silla sola en la vereda.
La lírica. Selección y presentación de Mariano Rolando Andrade.
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