jueves, 23 de septiembre de 2021

Florencia Madeo Facente (Buenos Aires, 1992)

 

 

Retrato de una inundación que ocurre en otra casa

 

Una gotera marcó, durante pocas noches, 
el tiempo de esta casa.
La escuchaban con las medias puestas.
Salían de la cama y caminaban dando brincos como los
 gorriones
pero las medias se enfriaron y les agarró fiebre.

«Chicos, la inundación se llevó nuestra casa. 
Ahora está en un lugar mejor».
Hay que volver a comprar camas, 
tomar fotos para los portarretratos
 (lo peor de una inundación, 
perder las fotos).
Pero la mente es amante de los rincones 
que permanecen oscuros.
No importa elegir entre un sillón verde o gris. 
Ya no se almacenarán los últimos cambios.
Los adultos de la casa no tenían su fe 
puesta en los objetos,
y sin embargo…

Pocas cosas de verdad quedan.
El gato duerme sobre la lámpara 
que fue necesaria para encontrarlo.


5.

Pensá en esos puestos de flores
y diarios que quedan abandonados 
tras el inicio de un terremoto.
 
 


Nota en un restaurant
 

Una mancha de sangre 
no sale,
pero si la limpiás enseguida tenés 
más chances.
Ahora bien, si te demorás 
puede que no salga del todo,
que quede imborrable el contorno 
y se forme algo monstruoso
como un país,
un país que solo vos
(no importa si la sangre es tuya
o de otro, importa sólo tu motivación 
para borrarla) sabrás vacío.


                                        De “Una ciudad en silencio”

 

 

(Fuente: Revista El Humo)

 

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