martes, 6 de julio de 2021

Efraín Inaudy Bolívar (Venezuela, 1930 - 2012)

 



Poesía Breve

¡Crucifíquenlo!
Y en una cruz olvidada
sobre el nombre de un poeta
un pájaro azúl
clavo tres cantos
y se fue

En cada puerta cerrada
mi soledad se abre de par en par

Un Mendrugo
un sorbo de no sé qué bebida vieja
bajo el frío de la noche.
Después de aquella cena
no sé cómo pudo el violín mendigo
soltar melodías celestiales.




Parantarai


Baba de serpiente
fecunda de espanto la noche
Tiembla el vientre de la bestia

                     Erección de hojarasca
                     Abruma del celo
Mi fascinante engendro
ocurrió monte adentro
en la hora de la cópula de los misterios



En aquel tiempo
una sortija de cascarón de escarabajo
iluminó mi mano
La primera guayaba que mordí en el paraiso
me insinuó el misterio del cristofué
Cada vez que menciono mi primera visión
me queda
un sabor de relámpago en la boca


Asordan
las palabras fustigantes
Te sacan los ojos
los gestos insípidos
Acosan la agonía
los amores degollados
                         ya que tomas mi mano
                         llévame piragüero, río abajo,
                         hacia los olvidos
  •  

Mas de mil caminos
podrían llevar mi nombre

              piedras
              vientos nocturnos
              pájaros guardaespaldas
              y las extraordinarias soledades
              podrían llevar mi nombre

Estoy invicto
Aún se oyen alientos de trochas
arreando mis pasos



Un grito en la tormenta


 II

Y de aquí que el corazón del recién nacido,
ungido,
limpio,
sin ropaje,
poseía un corazón desbordado como un GIRASOL delirante
y era el dueño del unto oloroso para el dominio del amor
infinito.
Atado a sus labios traía los cantos PUROS, SUBLIMES,
INFINITOS,
y tenia manos de mariposa para la caricia interminable.
Y la tierra abrió amapolas para contemplarlo,
exprimió sus entrañas azuladas para que manara agua dulcçisima
por el postigo de la piedra
para humedecerle los labios;
la brisa deleitante le trajo aromas
y por ventanas de lianas destejidas
la noche preparaba sus propias lecciones
en el ábaco de los astros.



XVIII


Obsidianos, no es esta última estación;
el viaje sólo ha comenzado.
Entonces, hay tanto tiempo todavía
para darle dulzor a las palabras,
asistir corazones apagados,
disipar sinsabores antiguos,
ensalzar el gesto intimo.
Hay tiempo todavía por inventar canciones de cristal.
niños de manos extendidas esperan el arribo de un mimo,
puertas abiertas como bocas ansiosas aguardan tu paso
y hombres arrodillados frente a la palabras escondida
añoran el amor fidedigno.
No es esta última estación;
el viaje solo ha comenzado.
Enciende tu candil y escucha la voz de los campos puros
que  lleva atado el viento.

 

 

(Fuente: Grupo Li Po)



 

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