¡Crucifíquenlo!
Y en una cruz olvidada
sobre el nombre de un poeta
un pájaro azúl
clavo tres cantos
y se fue
mi soledad se abre de par en par
un sorbo de no sé qué bebida vieja
bajo el frío de la noche.
Después de aquella cena
no sé cómo pudo el violín mendigo
soltar melodías celestiales.
Parantarai
Baba de serpiente
fecunda de espanto la noche
Tiembla el vientre de la bestia
Erección de hojarasca
Abruma del celo
Mi fascinante engendro
ocurrió monte adentro
en la hora de la cópula de los misterios
una sortija de cascarón de escarabajo
iluminó mi mano
La primera guayaba que mordí en el paraiso
me insinuó el misterio del cristofué
las palabras fustigantes
Te sacan los ojos
los gestos insípidos
Acosan la agonía
los amores degollados
ya que tomas mi mano
llévame piragüero, río abajo,
hacia los olvidos
Mas de mil caminos
podrían llevar mi nombre
piedras
vientos nocturnos
pájaros guardaespaldas
y las extraordinarias soledades
podrían llevar mi nombre
Estoy invicto
Aún se oyen alientos de trochas
arreando mis pasos
Un grito en la tormenta
II
Y de aquí que el corazón del recién nacido,
ungido,
limpio,
sin ropaje,
poseía un corazón desbordado como un GIRASOL delirante
y era el dueño del unto oloroso para el dominio del amor
infinito.
Atado a sus labios traía los cantos PUROS, SUBLIMES,
INFINITOS,
y tenia manos de mariposa para la caricia interminable.
Y la tierra abrió amapolas para contemplarlo,
exprimió sus entrañas azuladas para que manara agua dulcçisima
por el postigo de la piedra
para humedecerle los labios;
la brisa deleitante le trajo aromas
y por ventanas de lianas destejidas
la noche preparaba sus propias lecciones
en el ábaco de los astros.
XVIII
Obsidianos, no es esta última estación;
el viaje sólo ha comenzado.
Entonces, hay tanto tiempo todavía
para darle dulzor a las palabras,
asistir corazones apagados,
disipar sinsabores antiguos,
ensalzar el gesto intimo.
Hay tiempo todavía por inventar canciones de cristal.
niños de manos extendidas esperan el arribo de un mimo,
puertas abiertas como bocas ansiosas aguardan tu paso
y hombres arrodillados frente a la palabras escondida
añoran el amor fidedigno.
No es esta última estación;
el viaje solo ha comenzado.
Enciende tu candil y escucha la voz de los campos puros
que lleva atado el viento.
(Fuente: Grupo Li Po)
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