Adiós a la familia
Cómo olvidar la fijación de mamá
por convertir ese patio lleno de tierra y piedras
en un jardín.
Era la casa nueva.
Estabas a punto de nacer, hermano.
Mamá de bruces sacaba piedras más piedras
hasta acabar el agujero en el que plantó el pino.
Papá la retó por gastar dinero
pero con el paso de los años aprendió a gustar del árbol
de su sombra
del follaje que lo protegió de los vecinos.
El pino, que era hembra, creció sano y fuerte
en busca de la reproducción
sentíamos el olor que expelía
para atraer a quienes portarían el polen
de algún pino lejano.
Muchos pájaros vivieron en sus ramas
Sus raíces comenzaron a levantar las baldosas
Su sombra impidió que el membrillo prosperara
Pronto los vecinos se quejaron.
Tomaste un serrucho
subiste esos nueve metros
y comenzaste a cortar las ramas más gruesas.
Al bajar estabas salpicado entero de leche.
Cuando mamá llegó y te vio sin protección arriba
destruyendo ese pino
tuvo que sostenerse.
Hoy todavía queda una rama.
Después tendrás que cortar el tronco
Jalar cada raíz.
No te dio pena haber derribado el plan.
Pronto entrarás en esa tierra.
En: Una mujer sola siempre llama la atención en un pueblo
Ediciones Liliputienses
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)
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