lunes, 20 de septiembre de 2021

Mario Arteca (La Plata, Buenos Aires, 1960)

 

 

CÓMO ME GUSTA EL PRESENTE

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Con su grupo de amigos, dejó que la escena
transcurriera delante suyo entre sesenta
y mil veces. La misma era muy sencilla:
un túnel en llamas donde se aproxima
un tren por quemarse. Porque aquello
inexorable muestra su última condición:
que lo peor ha pasado y que no hay
advertencia previa, y porque anticipo
y suceso van de la mano, de la misma
manera que el hielo se integra al lago
ante el mínimo cambio de estación.
Lo que queda de la esfera pública
siquiera es proyecto, y una vida
sin marca personal no vale un centavo.
De este modo, no nacimos para ser meros
instrumentos. Sigamos con lo nuestro,
entonces. En condiciones normales,
las cadenas de azar marchan separadas,
pero golpean unidas. Una persona
carbonizada que supone serlo es parte
de la tripulación. La diferencia es que
se exhibe aliviada, con esa manera suya
de obtener placer de las experiencias
límites. El tren sabe que se funde a miles
de grados y, sin embargo, ingresa
con toda calma al túnel encendido.
 
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“De jóvenes tuvimos dos, pero no prendieron
en este mundo”. Era joven, frescota, pero le pasó
no sé qué y sanseacabó. Por más esfuerzo,
todo fue en vano. “Traéme de allí en el faldón
aunque sea un chiquitín ucraniano”. Lo llamo
“tonto tiznado”, me santiguo ante los íconos,
pongo lo mío en camino.
La fresca estaba sumida en penumbra;
por las rendijas de las maderas se filtraba
una luz amarilla. El piso olía a extracto
y a hierbas de la planicie, mientras saco
de la bodega una cazuela con leche fría.
“¿Me preguntás qué pruebas tengo?”
Algo de eso hubo, porque indisponerse
con él es delicado (delicado), y hace
unos años tuve palabras por su causa.
Pero una noche empezó a arder la cocina.
Todo era una misma tea. Se dice ribetes
de una vieja ofensa. Así sucede cuando
uno se indispone con él. El estampido
de un revólver, sin dar siquiera cinco
o seis días, vivo o muerto.
No salir tarde de casa, ni encender la luz.
Eso es todo lo que se requiere. Bien,
manos a la obra, porque nadie duerme.
Si huye pondrá tanta tierra de por medio
que no daremos más con él.
“No te preocupés, no escapará”. La noche
tendida en un cáñamo. La noche completa.
 
 
(Fuente: Meta poesía)

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