5 poemas de EL CONTORNO DE LAS HORAS
CARTA PLENA
Esa caligrafía o este asalto:
esta carta escondida entre papeles
acaso ya caducos desde el mismo momento
en que fueron leídos; esta carta
que surge de su entonces,
del olvido más largo, en pleno sábado,
con la luz de la tarde todavía.
Dice cosas. Está llena de frases
que tuvieron sentido.
No hay ninguna razón para leerlas
de nuevo; ya entregaron
su mensaje una vez. Quizás ahora
podrían recordarme esas palabras
lo que un día pensabas, lo que un día
vivimos.
No son ellas
lo que hace que tiemble y sienta vértigo;
no es lo que tú dijeras —trascendente o efímero—.
Lo que veo en la carta temblorosa
y me devuelve el peso de la niebla
es tu pulso, presente en esos trazos,
guardado en esos trazos,
en esas pocas líneas
que tu mano, tu brazo, que tu cuerpo
fue dejando al dictado de tu sangre.
***
LA MÁQUINA HEXAGONAL
Et tout d'un coup le souvenir m'est apparu…
Marcel Proust
No está en el aluminio, en el iridio,
o en aleaciones nuevas, misteriosas…
La máquina del tiempo es de madera:
es el olor del lápiz
lo que puede llevarnos otra vez a la infancia;
si cerramos los ojos,
ese olor nos transporta –nos devuelve–
hasta la parte en sombra del entonces.
No hay ningún engranaje laberíntico,
no hay motores potentes, ni circuitos complejos:
el corazón del tiempo y de la máquina
es grafito y arcilla.
No sé cómo funciona.
Tal vez remonta el curso de los trazos
que hemos ido dejando, o donde hemos
ido quedando, múltiples y solos.
No sé cómo funciona ese olor indeleble.
***
RESUMEN DE CASI NADA
A Coro, que salió de este mundo
sin saber que estos versos eran para ella.
Defiendo la hermosura
de una playa sin huellas,
porque ya no nos queda más remedio
que ser así de hermosos
en nuestras latitudes respectivas;
ya no hay tiempo: hay distancia,
y, en la ola que rompe, algún recuerdo
que se suicida suave y nada por la arena.
La brisa ahora es viento que revuelve
las hojas secas de los calendarios,
es viento que aleja las vidas
como el alba a los sueños; es el viento
que formaba y traía tus palabras,
palabras de tu entonces,
provisionales siempre.
Supimos nuestro nombre algunos días,
otros días las manos;
entre huida y huida hemos vivido
un tiempo sin futuro y sin memoria,
una historia ficticia en la que siempre
dejabas la cerveza y alguna frase a medias:
he llegado a creer que existías a ratos,
que a veces te encontrabas en dos sitios distintos
y a veces en ninguno.
Y hoy he visto esta página no escrita,
esta página en blanco
que guarda exactamente cuanto guardo de ti,
y me he puesto a pensar que donde quiera
que estés, o que no estés, estás muy lejos
como para esperar casualidades,
que es tarde y que a lo sumo nos quedará un encuentro;
tal vez una mañana de septiembre
te veré por la espalda, me acercaré a tu hombro,
cruzaremos en ámbar las sonrisas,
parecerá que el tiempo se detiene
o que siempre es el mismo
—pero tú no te fíes: es solo una apariencia—,
y yo diré que adiós, tú que hasta pronto.
No es que los labios mientan,
es que en seguida olvidan lo que dicen.
***
ETERNIDAD EFÍMERA
Parecía que alguien
hubiera levantado aquellas calles
solo para guardar en ellas el silencio
de las noches de mayo; parecía
que cualquier otra cosa estuviera durmiendo,
recogida hasta el día siguiente, bajo el agua,
en el fondo del río.
Ni siquiera recuerdo
las palabras o el ruido de los pasos.
Solo pude sentir que en ese mundo
esquemático y simple se hizo todo beso:
beso presente, única noticia
que la boca decía y escuchaban los cuerpos,
invasión de la carne y la conciencia
sin esperanza ni memoria alguna;
beso era todo, inmóvil, firme, ciego.
Nuestro abrazo era el ámbar
que preservaba intacto nuestro anhelo:
ahora y siempre en confusión perfecta.
Pero luego, tan pronto como abrimos los ojos,
cada cual ya en sus labios y en su aliento,
el tiempo agazapado entre las sombras,
depredador soberbio, daba un salto
feroz, nos sometía
otra vez a su ley y nos dejaba
los trémulos rescoldos
de aquella eternidad tan honda y breve
que al instante buscaban nuestros labios
otra vez sin remedio.
***
AYER
Parece que fue ayer —¿te acuerdas?— cuando hiciste
tu primera salida, aquel viaje
que empezaba en tu pecho y terminaba
cuando el viento quisiera —y nunca quiso—.
Parece que fue ayer, pero ayer muy temprano;
ayer por la mañana muy temprano.
JUAN FRAU. EL CONTORNO DE LAS HORAS (2022)
)Fuente: Voces del extremo)

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