DECLARACIÓN CON UVAS Y PIEDRAS
uno los visita en vacaciones y vuelve vuelve
tras cada naufragio.
Amo los poemas que resguardan como el jacarandá
cuando deja caer sombras
florescencias de luz
que albergan al camello herido en la mitad de la noche.
Amo los poemas que se hacen bosque dentro de una casona solitaria
y emiten zarcillos raíces adventicias ramos de naranjas
junturas por las que afloran multitudes que van y vienen por el pueblo.
Amo los poemas que son como el mamboretá voraz
no escribe
reza
y pierde la cabeza por amor.
Pero por sobre todo amo los poemas que se extravían
un día de vientos encontrados
y aparecen de pronto bajo las piedras de Grecia
después de dialogar mil años con el murmullo de los siglos.
Amo tal vez esa nada
que podría llamarse Ulyses y es un batir fugaz
como quien se deshace.
Aún así creo que en el fondo de mi casa
hay una mujer desnuda de palabras
ella nombra sus uvas una a una
como si fueran átomos del Génesis
pero sigo sin comprender
por qué las uvas
por qué las piedras.
(Fuente: Daniel Rafalovich)
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