martes, 14 de septiembre de 2021

Leónidas Lamborghini (Buenos Aires, 1927 - 2009)

 

 

La moral del bufón

 

–La verdad del Modelo, es su propia

caricatura, y ésta revela

la mentira de su falsa perfección.

 

Viéndonos, así, caricaturescos,

nos entendemos: espejo somos,

de lo deforme que el Modelo oculta.

 

Vida como parodia de la vida,

risible senda en la que el suicidio,

su idea, ronda hasta el bebé.

 

La mezcla, el remedo y el disfraz

que a nosotros el Modelo inspira,

anuncian, desde siempre, la tragedia.

 

Desde el reír, lo trágico mirado;

la tragedia que empieza en la parodia,

sigue en caricatura y da en grotesco.

 

La tragedia que cede su lugar

a esas tres formas y, con ellas,

se confunde en violento carnaval.

 

En ese albur, es claro, estamos todos;

somos batracios de una misma charca,

con un croar que nos identifica,

 

el croar de la época: un griterío,

que expresa nuestro horror que causa risa

y nuestra risa que provoca horror.

 

Así, el torniquete de la historia

sentir nos hace su chiste a carcajadas,

que devolvemos con más locura y crimen.

 

Y trágicos por cómicos y cómicos

por trágicos, en este laberinto

de horror y risa, sea nuestra guía

 

la moral del bufón: sus comiqueos.

 

 

 

El flamenco

 

Lo veo volar

libre, rasante,

impulso puro

dejando el agua.

 

Un garabato

preso en mi mente

 

Planear, batir

–majestuoso–

sus grandes alas,

atento al rumbo

y al equilibrio.

 

Un garabato

preso en mi mente

 

Avanza, ahora,

pero no avanza;

lo veo volar

pero no vuela.

 

Un garabato

preso en mi mente

 

 

 

El pillo

 

En el jergón,

a espaldas nuestras,

sufrir simula;

seguro, ríe.

 

Él es un pillo

 

Seguro, ríe

(su risa oculta

cuando se arroja

a nuestros brazos

llorando a mares)

 

Él es un pillo

 

Parece, entonces,

solicitara

nuestra piedad,

pero eso es cuando

más nos desprecia.

 

Él es un pillo

 

 

(Fuente: Eterna Cadencia)

 

 

 

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