ABURRIMIENTO.
Una vez más el día en este bajo mundo. Me aburro en el jardín, nadé en los cuatro ríos.
Me limo con esmero las uñas de los pies.
Tengo mala salud y he sido mal amante. Soy muy mediano en versos: nunca entré en el Edén (ni en las antologías, uruguayas al menos).
Para pasar el tiempo puedo hablar de dolencias, mi carné de salud es de los veinte años. “Altura: uno noventa, Peso: setenta quilos”.
La foto en blanco y negro es de un muchacho díscolo. (Siempre me voy de tema cuando hablo del amor)
Los hombres que me amaron, con excepción de uno, no tuvieron glamour ni dejaron recuerdos de mayor importancia.
Yo mismo -digo yo-, de los muchos que fui no quedará uno sólo. (Una vez más el día en este bajo mundo. Me aburro en el jardín, nadé en los cuatro ríos)
Soy sólo pensamiento perdido en un jardín que sueña ser Edén. Sé que un mono me observa, está sobre una rama. Es eterno, calculo.
Y mientras, yo me aburro.
PARÉNTESIS.
Cuando nací el sexo fue un destino. No se puede elegir ser poeta.
De las mujeres nunca amé a ninguna sin duda porque las amé en bloque. Fue un amor largo y sin alegría.
Ellas también me amaron sin deseo y sin gozo. Las miré con la nostalgia de una vida más bella.
Cuando quise ser mejor quise ser mujer. Después me olvidé.
Devoré la costilla de Adán en la travesía del desierto. Fui hombre, poeta, amé a otros hombres. Tuve hambre.
Llegué a la playa de este mar eterno, al sur del Brasil. Mi olor es de sal virgen y de yodo azul.
Sé que una mujer devolverá al mar el pez con una moneda en la boca.
Ella escribe mi poema. Yo aguardo.
HORIZONTE.
Más allá de los pinos está el Uruguay.
¿Y después?
Después vienen mis muertos.
(Fuente: Siglocero)
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