Royston
Fue en Royston donde cambiamos de tren: la
última extensión de Great Northern Electrics,
el principio y el fin.
Ahora viajamos en el expreso del mediodía,
como volando a través de Royston con las ventanas bajas.
Todo este sitio, hasta donde alcanzamos a ver,
posee más edificaciones que antes.
El punto de cruce de antiguos caminos: El Neolítico y el Romano.
El suelo pobre, con caliza cercana a la superficie.
Por veinte segundos los edificios
precipitándose velozmente por la línea…
Hoy eso es Royston.
La transmisión nocturna
Debe haber sido cerca de la medianoche
cuando encontramos el camión quemado.
Una antorcha iluminó el avance trasero
de las moscas nocturnas, todo tipo de
polillas asustadas
que daban vueltas alrededor de la estructura.
Debajo del tablero estaba la radio. Un sonido claro
y autoritario de campana
entonando las sagradas trilogías ...
Al borde del bosque,
la transmisión del programa cayó entre espigas de trigo.
El texto era casi bíblico.
En el museo Fitzwilliam, Cambridge
Una tarde en interiores frescos.
Evitando el calor, tenemos la compañía
de las estatuas griegas y romanas,
hablamos en susurros sobre las momias egipcias,
no sea que perturbemos la paz.
Incluso el arte de escaleras arriba está en silencio.
Las Escuelas Italiana, Flamenca y Española,
expertas en guardar secretos,
permanecen dentro de sus marcos.
Los silenciosos asistentes se mueven con cuidado
mientras van de habitación en habitación.
A veces se ponen de pie para reflexionar
como si se tratara de un tema de filosofía.
En el fondo lo saben todo,
han absorbido la sabiduría de siglos.
Son los orgullosos custodios
de todo lo que examinan.
Ellos quieren que todo siga así.
(Fuente: El poeta ocasional)
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