Un hombre entre la garúa, la niebla y el orden
desordenado que Lima pastorea…
«Como todos esos oficios nos alejan de lo más bello
prefiero llevar un cartucho de dinamita en vez de
corazón
apreciar la caja de fósforos acariciarla en el bolsillo
prepararse e incendiar un supermercado
para que llegue a nosotros el ardor de una
mañana sin compromisos
oficios de cobardía que no se merecen nuestro
desprecio
deberíamos apuntar nuestras pistolas al cielo
para ver cómo las nubes nos ofrecen su inestabilidad
remordimientos
no hay remordimientos para alguien
que inventa sonidos
que recoge piedras para lanzarlas mientras escucha
el sonido de la ira
de niño no quise alquilar mi soledad
me puse en huelga y deseé todo lo que no tenía
una bicicleta para atropellar a las niñas que patinaban
sin mirar a
los ojos
un engreimiento menos aburrido
para despojarme de las potencialidades que llevaba
en mi belleza
y no me olvido
deseé tener sangre de colores
para que cuando explotara en la calle
los transeúntes
vieran por primera vez un cadáver lleno de vida»
(*) Publicado en Intermezzotropical 3 (2005)
(Fuente: Yulino Dávila)
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