lunes, 11 de enero de 2021

Damián Lamanna Guiñazú (Buenos Aires, 1985)

 

 

niño peronista

 

aunque mañana cumplo treintaytres
en esta escena tengo veinte años. vuelvo
de la facultad sentado en el suelo del 96
son casi las doce y el niño peronista
sigue oculto en la copa del tilo monstruo. una jauría
de vecinos se acumula alrededor para lincharlo. paso
la página en el momento exacto
en el que atravesamos el túnel que separa
la capital de la provincia y el suelo del colectivo
empieza a moverse tanto
que la lectura se vuelve imposible. “ésta es
la diferencia entre campo y ciudad. entre la vida
real y ese futuro
que ya ha empezado a desplegarse”, pienso
mientras me inflo por ese hallazgo
retórico. también pienso que a partir de hoy
leer va a ser lo único que haga toda mi vida
más allá de proyectar el pasado
como un teatro en el que los actos pueden repetirse

hay quienes dicen al ver su hijo nacer “este es el día
más feliz de mi vida” y aunque las imágenes que imitamos
para vivir nos obligan a creer, quiero decir
que todo esto es mentira. los momentos más felices
son iguales a esa cabeza olvidada que se asoma
en el momento justo para salvarnos
una cadena que tracciona, la vida
como un bosque que se incendia lejos del presente
los momentos más felices, ese niño que alimenta
a sus fantasmas desde la copa del árbol
los gorriones y las luces caen sin que sepamos
si hay final para la novela
hoy cumplo treintaytres y alcanzo
a ver las multitudes que nos separan
de otras frondas, otros refugios
los recuerdos como máscaras de oxígeno
que se ajustan sobre el mundo y, como sea,
intentan ponerlo en movimiento

 

 


alumbramiento

“la mismidad del doble movimiento del árbol 
sólo se resolverá limpiamente en nuestros ojos”
josé watanabe

sea el aire por primera vez, nuestras lágrimas
techos pasillos ciudades universos. el desorden
adentro de tus ojos: racimo de damascos ciegos
para ver a la gran sombra en retirada. sus dedos
de sangre en las luces, verás, su bendición
el viento y el temblor de nuestras manos, nuestras
corazas de tierra donde hasta hoy creciste, de una cueva
el reflujo que se cierra, las mascotas enterradas, los
maestros haciendo señales antes de volverse

reales, la belleza del fuego, el paisaje
que el aceite dibuja en los telares. hacele frente
al amor cuando se ponga su dentadura amarilla
su vigor desenfrenado abriendo surcos para darle
tus pedazos a las bestias. que florezcan tus semillas
contra el caos y te abras como una corola negra
o un símbolo de paz entre los brazos, que toques
por primera vez el pelaje de las sombras y memorices
el grito de un búho cuando muere, el sabor arcano de la llovizna,

el empedrado. será tu corazón un tren o un avión que navega
hasta soltarse y duerme como una estrella contra el muro
siempre habrá un olvido guardado en el pasillo más frondoso
la tierra oscura, el orín y las espinas, la cueva a tu medida
el cuchillo clavado en la raíz, las marcas que la diosa
te dejó. no abandonés el fragor de la belleza
conjurá el canto rebelde de la muerte aunque te duela
ya habrá tiempo, hijo, para encontrarle sentido a los desvíos

 

 

(Fuente: eltresde)

 

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