(nada como una buena salud)
para el mal de ojo, el asma, la mala fe;
hay ungüentos para el cuerpo y para el alma: ambos lo
necesitan, y a veces es el mismo:
se curan el desencanto, las aguas negras, el orzuelo: hasta
la ignorancia
tiene cura o mata.
Hay gotas para ver mejor
y para no ver;
diarrea, paso del tiempo, secreciones, caspa, desconcierto:
a cada uno su antídoto.
Para el descreimiento, cataplasma;
para el abuso de fe, antifebril: el método socrático
también sirve;
si se le enferma el yo, no olvide que está hecho
y puede estar deshecho: su enemigo es el sarro de la
satisfacción: se quita con lejía.
Si su empacho es de pasado, quítese el chaleco, combata
el monumento abstracto;
si hay exceso de futuro, no haga nada: un lustro más y
estará como nuevo;
lo peor es abundancia de presente: da jactancia: y ahí sí,
purga de la fuerte: que raspe hasta el hueso;
y no se crea inmortal: también eso tiene cura
(Fuente: Daniel Rafalovich)
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