Sobre la piel te nace un laberinto
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Así extraviás el camino a casa,
ojos que aman los vitrales de una iglesia,
tu cabeza, filamento de una lamparita, que se vuelve fantasía.
Así sobre la piel te nace un laberinto:
las profecías y la prosa de tu país
que primero abre los poros: transpiración,
después sangre, después amor.
Y el amor: una especie de cesárea en el pecho.
Adentro tuyo: una fiera atrapada a la luz de un auto al anochecer,
que da luz a otra fiera.
Adentro tuyo: todavía querés a los países por sus nombres
y a los dioses por su belleza.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
(Fuente: Zaidenwerg)
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