La mañana
La mañana
La vida como si no ocurriera. Nubes, eucaliptos, bolsas de basura.
venden el mismo producto:
una cajita con muchas envolturas
adentro de la cual hay un erizo invisible (recubierto de azúcar).
La vida como un loop de música inaudible.
Se oyen risas de fondo. La televisión está encendida.
Un comediante de la televisión se burla de las personas gordas.
Me veo la panza y sé que puedo ser el blanco de esas bromas.
También me río y me avergüenzo de verme al espejo en las mañanas.
También el humorista es gordo y le creo su gesto, pero eso no me salva.
(Hoy me salva una canción de Pastoral: “En el hospicio”).
Dejo de pensar bromas por ahora. Algo mío gira muy lejos de su eje.
Una voz —como la rotación de una ruleta en la feria
esperando el dardo de un pequeño con lentes— me susurra:
1) soy el aprendiz de dibujante
sobre el espejo del baño.
sé el espejo del baño.
2) lloro como si no fuera
una persona rota y vuelve a romperme
y esa ruptura es el núcleo,
la semilla de un país narrativo
en el que soy el “jodido protagonista”.
mi historia, a veces,
es tu historia.
3) me borro, si quiero.
soy los ríos que no tienen crecida,
junto al caserío de los guayabos muertos.
lloro si soy tan niño
para no deberle al mundo
ni a mis huesos:
La vida explica un hallazgo frívolo de la tecnología,
un chisme ligeramente tonto
como si yo estuviera en las sillas de un aeropuerto saturándome
de noticias sobre el cambio de gobierno y los espectros del futuro.
La vida como si no ocurriera.
La vida como si no me ocurriera.
Así, como si me tatuase códigos de barras para decir que me encanta el dinero.
Así, como si me golpeara el rostro con mis puños
para decir que soy audaz y que puedo enfrentar mis problemas financieros.
Así, como si me insultara en voz alta y grabara las cosas
que me digo y las mostrara en público para que la gente se riera.
Yo como un zombi que trata de abrir la puerta de un castillo.
Yo como una abstracción, excepto mi hija —la diabla—
y sus pestañas largas, como puentes para historias cantables.
Hola, hola, hola, ayúdame, por favor quiero dictar un verso.
Hola, hola, hola, ayúdame, que estoy muy triste
no puedo controlar los hechos:
la realidad va en streaming y yo ando en vinilo.
La vida como un conejo ciego, abstracto.
Pienso esto donde la narración del cielo no escribe los ojos
de un pájaro carpintero: sin embargo, la égloga destartalada
de una marmota herida en un lecho de río
es como si la vida no ocurriera, como una piedra comunicándose
—y desenmascarándome—
como peluca de niña enferma y calva en la bañera de un hospital público.
La vida rota ha sido siempre el centro de mi fotografía.
Bajo el aire soleado de un octubre lluvioso
entrego las palabras futuras a mi caída libre.
¿Cuántos niños mueren
pensando que el mundo
es un lugar seguro?
Pienso esto como si las zanahorias en la trituradora de alimentos
fueran el tiempo que me queda para ordenar el tiempo que me queda.
Hola, hola, hola, ayúdame, por favor quiero dictar un verso.
Hola, hola, hola, ayúdame, que estoy muy triste
no puedo controlar los hechos:
la realidad va en streaming y yo voy en vinilo.
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