Uno muere
de costumbre
o boca abierta,
no hay novedad en ello.
Uno se jacta
que supo expulsar
la variedad de ritmos
y pasos
que exigía
esa danza
de cosecha pobre
y teólogo acoquinado.
En el empeño,
en la licenciosa regla
del gatuperio
y la tierna madre,
un ardor angular
y un ramo de apio
como pergamino
y broma pesada.
- Inédito-
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