Sonetos sacros
Me hiciste, ¿y se
descompondrá tu obra?
Repárame, mi fin está cercano;
ya
me alcanza la muerte con su mano
y mis placeres el ayer se
cobra.
Mis ojos a
mirar ya no se atreven,
el terror de la muerte me rodea
y
mi trémula carne se estropea
por sus pecados, que al
infierno mueven.
Sólo tú
estás arriba, y me levanto
si dejas que te mire. Eso me
alienta.
Pero el viejo enemigo aquel me tienta
y ni por una
hora yo me aguanto.
Sea tu Gracia, al evitar mi yerro,
imán
para mi corazón de hierro.
Traducción: Ezequiel Zaidenwerg
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