TRES POEMAS DE CUANDO DEJAMOS ATRÁS LO POSIBLE
CUANDO SOMOS,
somos grieta,
oscuridad alfilereada.
Llegamos a casa
con esta costra de horario e hipoteca
adherida a los pulmones,
con los hombros extenuados
y el ánimo sediento.
Construir, ahí, el abrazo
supone remontar
cascada, pronunciar
susurros con la garganta polvorienta.
Desencartonamos, entonces, los labios,
nos sacudimos el óxido
de la conciencia del robo,
nos limpiamos la frente de órdenes,
recolocamos, unos junto a otros,
los zapatos, proclamamos
la primavera entre el hielo
y preparamos su amanecer.
Como la irrefrenable irrupción de las estrellas,
interrumpimos la noche
y somos,
somos,
somos.
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PERIFERIA
Para la Asociación Vecinal del Ensanche de Vallecas
A la periferia es desplazado,
fuera de las murallas,
todo aquel que no merece ser protegido
porque es recurso prescindible,
porque sus brazos son intercambiables,
porque su apellido no conlleva escaleras.
Barriadas donde se apilan los despertadores,
las luxaciones y las horas descontadas,
en las que caen los escombros
a ritmo de despido,
recorte y miedo al futuro.
Duelen el desprecio
y la instrumentalización de los pulmones.
Duele la arrogancia centrípeta
de quien cartografía los días.
Pero, sobre terreno asfaltado,
es en los márgenes donde brota la vida,
donde se levanta la primavera con una
lógica distinta a la medida del humo.
Jardinero de la utopía,
se construyen las calles con la complicidad
del presente batallado, de los vínculos
florecidos fuera de las retículas comerciales,
con el bullicio de los pasos
hermanados por el polvo.
La risa suena mejor en los patios abiertos.
La textura de la solidaridad abriga
allí donde se tiene conciencia de que
la altura de los hombros
solo mide la distancia de la caída.
Y, entonces, con la firmeza del tiempo
trenzado desde abajo, únicamente
se atiende al canto que une
todas las heridas de las manos.
Aquí, en la periferia,
nos consideráis expulsados
pero, en verdad,
cuando nos abrazamos,
vosotros sois el territorio sitiado.
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DE LA HORMIGA COMO EJEMPLO DE
ESTRATEGIA POLÍTICA
I
Aprender de lo pequeño, de la
hormiga como modelo revolucionario:
Mirar al suelo en vez de a las alturas.
Encontrar lo nutritivo de todo lo que nos rodea.
Ensalzar la capacidad laboriosa de la constancia.
La cooperación como clave para la supervivencia.
Planificar para adelantarse a la escarcha.
Ensanchar el terreno de operaciones
hasta más allá de lo posible.
Construir agujeros dispersos,
que se abran al oxígeno, y dejar
que se llene de colores.
Excavar galerías y galerías
para que se bese el verano.
Salir, tomar aire,
almacenar alimento
y ser conscientes de que el mundo
palpita abajo.
II
Símbolo clásico de lo insignificante,
máxima representante de lo anónimo,
la hormiga encuentra las grietas
en el empedrado para abrir su morada
mientras tú sigues perdiendo tus días
para continuar viviendo encarcelado.
Alberto García-Teresa
Cuando dejamos atrás lo posible
Ediciones del Baile del Sol
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)

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