Nadie me dijo nunca que el final de la resistencia podría estar en un compás, con los primeros pasos de un baile en los que tiemblo y tus manos me agarran levemente así como se agarran las patas de un insecto a una mota de polen,
con miedo y avidez.
Tiemblo porque has llegado aunque ya estabas,
tiemblo porque no quiero,
tiemblo porque es preciso.
Tiemblo por tus pestañas que se acercan como se acerca el fin.
De LYON, 1943
(Ed. El sastre de Apollinaire, Madrid, 2011)
(Fuente: El sastre de Apollinaire)
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