ÁRBOLES FUSILADOS
Todas las mañanas fusilan a los árboles de la ciudad.
Desnudos nos contemplamos.
Las esquinas de mi cuerpo
carcomidas entre los dientes de una pantera,
están untadas con polvo de incienso.
Nosotras, las embarazadas de nada,
rompemos con el cordón umbilical que nos asfixia
y abortamos crucifijos por el salario mínimo.
Los muertos nos reviven de la rutina
rociándonos de saliva fértil,
mientras las semillas siguen exterminando al avispero ávido
que habita en bocas abiertas,
en bocas que se besan hasta ser arena.
Todas las mañanas fusilan a los árboles de la ciudad.
Desnudos nos contemplamos.
Cadáver frente a cadáver.
En: Erizo púrpura
El petit editor
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)
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