Aquel beso de actor
Aquel beso de actor
Besé a mi padre en su cama del hospital.
Las enfermeras arrastraban el paso soñoliento
y los viejos discutían el día entero consigo mismos.
Las siete décadas encerradas en su cabeza
se congelaron en un bloque que goteaba, atemporal,
el pintor perdió su noción de todo salvo el gris.
Aquel beso de actor cayó por un pozo demasiado profundo
para devolver ecos que yo habría valorado —
el ‘29 era el ‘41 el ‘84,
todo uno en su mirada caleidoscópica
(él deseaba para mí su amargura y su sed,
su fría habilidad para cerrar una puerta).
Más tarde, tomando un trago, me di cuenta de que aquel
fue nuestro último beso y, ay, el primero.
La capilla rural
El valle la saca
como pelusa de los bolsillos cada domingo,
a la llanura, a los campos fecundos —
esta gente, taimada y feliz,
reunida como un grupo de baile
junto al muro de la vieja capilla:
codos amigos, manos amigas,
el rival evitando al enemigo
en la tonta danza eterna.
Caballos solitarios aquí y allá
atados y dormidos —
coches apartados
junto al arbusto, el seto, el cobertizo
y la verde mueca burlona de los árboles
que vieron una vez a Ícaro tullido.
Esta congregación es un caballo solitario
perdido en esta época,
tan torpe como un hombre
que baila con una monja
en una fiesta de boda.
.....
(Traducción: Gerardo Gambolini)
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