LA EMBAJADA
siete mil islas nuevas descubrió Japón, leímos anoche, siete mil
nuevas islas y nadie para habitarlas; no es costumbre, parece
nacer en Japón, es costumbre vivir
vidas fotogénicas y extensas
y morirse con modestia
pequeño imperio deshabitado tu cuerpo que toma
la siesta en el piso del living (nadie sobreviviría de otro modo)
un pesquero hambriento en la 201, un shopping mall de madrugada
y este el pensamiento que me intrusa:
vos dormís y en el tiempo de tu sueño mueren/nacen japoneses
quizá alguno que descubra otras siete mil islas, alguno cartógrafo
que extendiendo el territorio ponga en peligro al imperio, entonces
Fukuoka debe ser como la barrera donde empieza la 12 de Octubre
o el pasaje secreto de Colón: mucha cosa viva entre los rieles, muros
verdosos, pasacalles en el cielo, tu mano doméstica lavando el mate
(algún día, mi amor, no seré más la esclava de la gramática
no voy a parlotear sobre los trenes lentos de la televisión noruega)
despertás y te prometo un poema
esta es la embajada que te debía
LA VIDA ES CORTA PERO ANCHA
y sospechosamente liviana; esas luces, telarañas y cascadas
que todavía los balcones que ya no son la Navidad, son del verano
una palmada en la contractura del hombro:
esta es una parcela entusiasta
esta boca ignora todos los calendarios
heme aquí, sin opciones, siempre de oyente
los televisores el otro comensal miércoles 22:47 somos el ancla y la cena
fruta de plástico facturada en regiones donde la misma fruta madura
en carne y hueso, finjo mi placer orgánico, el rumor de los aires
acondicionados podríamos ser el rumor de otros aires
el ruido de masa, el tránsito alejadísimo del pulmón:
este es el alquitrán con ganas de redimirse
este cigarro, como un lápiz, viaja entre la oreja y el cráneo
VARIANTES DE LA LUPA EN EL PROCESO
En otro mundo, no muy distinto a esta caleta,
después del salto de fe vertiginoso: el parto estructural
de la crisálida, como un potrillo
embebido en leche.
Todo lo que puede se flexiona y descubre
las dimensiones, la gravedad, la expectativa.
¿Viste que era pura
voluntad, la oruga, que se pensaba prescindible
desde mucho antes de nacer?
LA BELLA PERA
El problema es que este luto tan liviano:
no hay sargazos, no hay épica, nada retrasa los navíos.
Ahumé la casa y sigue oliendo a crudo, a paisaje recortado.
Crucé, con tanta fuerza, los dedos. Levanté la vajilla de la mesa.
No era santa, Carmella, era estoica.
Yo también hubiera hecho un carnaval ante la pera sola, elegida
con rigor, con técnica: me hubiera cultivado una tercera mejilla,
desatado, a la fuerza, cada nudo.
EN MIS PAGOS NO EXISTE EL OTOÑO
existen los charcos barrosos por pisar las flores
del roble y la brisa que está o no está, con maestría
las tejas de las casas o reposan o se van volando
y no hay goteras, no
es monasterio o cataclismo
es festival o sepelio y en ambos
la luz se prende o se apaga, no se cuela
no existe el otoño, en mis pagos no se llora
en las dársenas, no se espera, no se prepara uno
para el posible frío de la noche, no podría
un turista descubrirte cerrando el libro
porque te distrajo cómo caduca el fresno, perdón
Zurita, tus glaciares sembrados de hojas, al norte
de donde vengo, no, todo nace o se extingue, nadie
pondría música de fondo para hablar de forma
sin siquiera intentar pararse y bailar
la forma, digo, es siempre
vendaval o remanso, sin proceso
y se está o no se está, con maestría
(Fuente: Oscar Raúl Conde)
No hay comentarios:
Publicar un comentario