-¿Por qué le tenés miedo
-decías, mientras tu mano
intentaba soltarse de la mía.
Y ahora que estoy
mirando desde adentro,
corroboro tus dichos.
No hay nadie aquí.
Ni siquiera tu mano.
A eso le temía.
A que en la oscuridad
no hubiera nadie.
(Fuente: Daniel Rafalovich)
No hay comentarios:
Publicar un comentario