TRES POEMAS DE LA BESTIA IDEAL
NEW ROMANTIC
El filósofo ama a hurtadillas al poema. El poema, a la música.
La música, a todo lo que vive
e incluso a lo que no, siempre que venga con su ritmo. ¿Qué
ritmo? La deejay NWRMNTC lleva puesto un implante
que vibra si detecta movimiento debajo de sus pies: un sismógrafo
en la epidermis. Yo estaba tratando de implantarme
una nueva voz cuando mi segunda persona dilató diez centímetros
y las pulsiones echaron a correr, como aquel niño
empeñado en vestirse de hada. Si te dieran a elegir entre el ritmo
y la razón, la razón y la verdad, la verdad y el amor,
qué preferirías que resucitara? Deja en paz al amor. Te he dicho
que me des esa varita.
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Un lingüista alemán aprende el silbo gomero para comunicarse
cuando acabe la guerra
con animales y marcianos. Mediante un número modesto
de sonidos, el silbo codifica un número infinito de preguntas
importantes. Se parece al braille, se parece al morse, se parece a
los mensajes que oye un hombre en su cabeza
ahora que trata de dormir. Pasivamente, el metal de un empaste
puede captar frecuencias de radio y transmitirlas
al nervio auditivo. El hombre sintoniza, sin saberlo, la señal de
un submarino que pasa en secreto por las islas. Dios
es una mujer que habla en alemán, piensa. Me habla. ¿Y cómo
va a escucharse si yo sé que no existe? Para aturdir
al enemigo (o sea, para enamorarlo) la operadora envía mensajes
cifrados que dicen una cosa y la contraria,
de forma que el submarino podría estar hundiéndose y al mismo
tiempo se eleva
mientras un pescador, sentado en su barquillo, seca las teclas de
una máquina rarísima
que vino hecha un embrollo entre las redes y trepa al mástil para
decirle a su señora, con un silbido audible desde el puerto,
que le lleva un regalo, que la quiere, que llega un poco tarde a la
comida.
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EL PUPITRE INESTABLE
DE LA CANCIÓN TRABAJADORA
Estudiar desde un pupitre inestable, sabiendo que estuviste
a punto de no hacerlo.
Estudiar después de clase y de la compra, pro rumba y por
fandango, al final de la Gran Fiesta.
Buscarle el saber a quien se arrima y a quienes hace mucho que
se fueron. Ser
el maldito lobo del estudio feroz, dentro del hospital y de la cama,
después de cada cementerio.
Encontrar delicioso el problema de estudiar y, en el mismo pupitre,
sufrirlo mientras persigues
un hedonismo abstracto (¡y concreto, concreto!) de lo que se
comparte, un mendrugo de amor, una ética.
Erika Martínez
La bestia ideal
Editorial Pre-Textos
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)

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