Los pordioseros

A WALKIRIA
El día se ha consumido
Y su luz se ha consumido
Mientras yo te esperaba Walkiria.
La primavera ha tocado tu frente
Y te has llenado de júbilo
Los árboles y las plantas han recuperado
Su verdor y las flores
Mientras yo te esperaba Walkiria.
El verano hizo madurar los trigales
Que llevan al pan cotidiano
Y las uvas maduras a los deliciosos mostos
Mientras yo te esperaba Walkiria.
El otoño conservó el espacio
Y la fragancia de los frutos
Que estuvieron y se han ido
Mientras yo te esperaba Walkiria.
El invierno se llevó a la mar
Las hojas de los árboles y los amores antiguos
Mientras yo te esperaba Walkiria.
Ahora que has llegado Walkiria
La noche se ha iluminado para ti
Como nunca antes
Con la luz que yo le cedí
Con tanto amor
Y con tanto placer
ENRIQUE GÓMEZ-CORREA
Sous d´étranges chapeaux un animal bizarre
GERMAIN NOUVEAU. Le Calepin du mendicant
I
A orillas de una iglesia muy antigua y derruida
Los pordioseros interrogaban
Frenéticamente al Tarot
Ellos esperaban impacientes
Que les anunciaría el más cruel de los presagios.
“Partiréis con vuestros harapos a cuestas
“Hacia los cuatros rincones del universo
“Clamando la gracia necesaria
“Los cuatro ríos del Paraíso
“La viga que yace en el fondo del ojo
“Los sinsabores que deja el hastío.
“Recomenzaréis con ira
“La misma canción del maldito que perdió su sombra
“Para regresar a la infancia dulce y amarga
“Como la luna
“Como el sol
“Del cual depende la luz
“Y el fuego que eres
“Cuando la noche encuentra su máxima altura”.
II
¿Quién es aquél que sin inmutarse
Habla de los esplendores del bien y del mal
Y no consigue acallar su corazón
Que mendiga un poco de amor
Para su alma desolada?
¿Quién es aquél otro que se arrastra a tus pies
Y no teme pervertir tu repentina mirada
Y te habla en voz baja
Transmitiéndote el Gran Secreto que te atormenta?
Es ella, es él, es el otro
Todo para hacerse uno
Y llegue naturalmente al Uno
Que todo lo contiene
En su afiebrada memoria
Que une inevitablemente
Al Uno con el Todo
Sin posible escapatoria.
III
Adelgazada la llama como el hambre
Se precipita sobre seres con cabezas diminutas
Y entonces aparece el rostro de la muerte.
Pegado en la ventana
Trayendo a la memoria los desvaríos
De una noche caliente.
El ángel llega después de tantas súplicas
Y cubre con sus alas su atormentada cabeza
Una palabra basta
Y el sortilegio continúa.
Nos hemos liberado de todo
Como el pájaro que posee todas las claves
Así sucede siempre
Cuando has pasado los desvaríos
De una noche caliente.
IV
Cada vez que pides algo te desgastas
Como la roca bañada por la espuma del mar
El mar que nos da la sal de la vida
En el árbol de la noche.
Un sueño cubre el cuerpo de alto abajo
El sueño que se alarga y se encoge según el olvido
Mientras emprendes el vuelo a zonas desconocidas
Pero que pesan como el peso del fantasma.
Otra vez sientes el ansia de pedir
Porque eso te recuerda que eres
Y te refresca los labios
Por placer
Y como signo de buena voluntad.
V
Un ojo azul y el otro rojo
Para que la luz se deslice por entre las palabras
Las palabras “razón”, “locura”
Éstas que conforman la cascada
La cascada de palabras.
Un poco de amor y un poco de odio
Alternándose entre una vida pálida
Y una vida al rojo
Todo esto te lleva al laberinto
De tu pensamiento
Que no se doblega ante el dolor.
Sales al aire y alzas la cabeza
Clamando un poco de libertad
Libertad que se congela
Y que se deshiela
Con la llegada de la primavera.
XXXII
Las penas del amor
Y las penas de la amistad
Yo he podido ahogarlas
Con amargas lágrimas
Al igual que los pordioseros
Al quienes les robaron sus limosnas.
Dolores al cuerpo, los fuertes dolores de estomágo
Dolores, muchos dolores de pies
A causa de zapatos estrechos
Todos los he terminado soportando.
También los dolores espirituales
Esos que provocan la calumnia y la infamia
Los que produce la ausencia de la gracia
Estos mismos que son la causa de llagas en el alma
Y que alteran los ánimos de las fieras
Que me iluminan
Con lo Uno
Y que es también el Todo.
XXXIII
Tanto placer y tanto dolor
Que he podido soportar a pesar de todo
A pesar de los vendavales que me trataban
Como si hubiera sido hoja de árbol o de libro.
Todo lo he superado con mi presencia
Y mi estilo
Aun el cansancio
Ese que ha cogido a los pordioseros
Que se cansaron de peticiones inútiles y sin respuesta
Ellos finalmente resolvieron volver a sus antiguas iglesias
Y a recibir sus acostumbradas limosnas
En tanto que el odio bien alimentado en su jaula.
He logrado permanecer duro como el diamante
Y transparente como el cristal
El fuego espiritual se ha mantenido
Pero la llaga del alma se ha sanado.
Estoy solo con mi frente expuesta
A los rayos del sol y de la luna
No olvidéis
La poesía, mi poesía, me ha redimido de todo
Por lo tanto
El presagio se ha cumplido.
La barca está lista para zarpar
Se han izado sus velas
Me dicen que ya es hora de partir
Yo respondo “a la otra vuelta”
Y entonces el cielo enciende todas sus estrellas
Y yo elijo la más brillante para que me conduzca a lo desconocido
A lo desconocido que yo tanto amo
Grito ahora con entusiasmo
¡Oh estrella de los marineros!
Prólogo de MARÍA TERESA LIRA LAGARRIGUE


Los pordioseros. Santiago de Chile. Editorial Universitaria. 1992. Págs. 21-22, 22-23,23-24, 24, 50-51, 51-52.
(Fuente: La Mecánica Celeste)
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