domingo, 19 de septiembre de 2021

Enrique Gómez-Correa (Chile, 1915-1995)

 

Los pordioseros

Christian Hott y Enrique Gómez-Correa
 

A  WALKIRIA

El día se ha consumido

Y su luz se ha consumido

Mientras yo te esperaba Walkiria.

La primavera ha tocado tu frente

Y te has llenado de júbilo

Los árboles y las plantas han recuperado

Su verdor y las flores

Mientras yo te esperaba Walkiria.

El verano hizo madurar los trigales

Que llevan al pan cotidiano

Y las uvas maduras a los deliciosos mostos

Mientras yo te esperaba Walkiria.

El otoño conservó el espacio

Y la fragancia de los frutos

Que estuvieron y se han ido

Mientras yo te esperaba Walkiria.

El invierno se llevó a la mar

Las hojas de los árboles y los amores antiguos

Mientras yo te esperaba Walkiria.

Ahora que has llegado Walkiria

La noche se ha iluminado para ti

Como nunca antes

Con la luz que yo le cedí

Con tanto amor

Y con tanto placer

 

ENRIQUE GÓMEZ-CORREA

Sous d´étranges chapeaux un animal bizarre

GERMAIN NOUVEAU. Le Calepin du mendicant

 

I

A orillas de una iglesia muy antigua y derruida

Los pordioseros interrogaban

Frenéticamente al Tarot

Ellos esperaban impacientes

Que les anunciaría el más cruel de los presagios.

“Partiréis con vuestros harapos a cuestas

“Hacia los cuatros rincones del universo

“Clamando la gracia necesaria

“Los cuatro ríos del Paraíso

“La viga que yace en el fondo del ojo

“Los sinsabores que deja el hastío.

“Recomenzaréis con ira

“La misma canción del maldito que perdió su sombra

“Para regresar a la infancia dulce y amarga

“Como la luna

“Como el sol

“Del cual depende la luz

“Y el fuego que eres

“Cuando la noche encuentra su máxima altura”.

 

 

II

¿Quién es aquél que sin inmutarse

Habla de los esplendores del bien y del mal

Y no consigue acallar su corazón

Que mendiga un poco de amor

Para su alma desolada?

¿Quién es aquél otro que se arrastra a tus pies

Y no teme pervertir tu repentina mirada

Y te habla en voz baja

Transmitiéndote el Gran Secreto que te atormenta?

Es ella, es él, es el otro

Todo para hacerse uno

Y llegue naturalmente al Uno

Que todo lo contiene

En su afiebrada memoria

Que une inevitablemente

Al Uno con el Todo

Sin posible escapatoria.

 

 

III

Adelgazada la llama como el hambre

Se precipita sobre seres con cabezas diminutas

Y entonces aparece el rostro de la muerte.

Pegado en la ventana

Trayendo a la memoria los desvaríos

De una noche caliente.

El ángel llega después de tantas súplicas

Y cubre con sus alas su atormentada cabeza

Una palabra basta

Y el sortilegio continúa.

Nos hemos liberado de todo

Como el pájaro que posee todas las claves

Así sucede siempre

Cuando has pasado los desvaríos

De una noche caliente.

 

 

IV

Cada vez que pides algo te desgastas

Como la roca bañada por la espuma del mar

El mar que nos da la sal de la vida

En el árbol de la noche.

Un sueño cubre el cuerpo de alto abajo

El sueño que se alarga y se encoge según el olvido

Mientras emprendes el vuelo a zonas desconocidas

Pero que pesan como el peso del fantasma.

Otra vez sientes el ansia de pedir

Porque eso te recuerda que eres

Y te refresca los labios

Por placer

Y como signo de buena voluntad.

 

 

V

Un ojo azul y el otro rojo

Para que la luz se deslice por entre las palabras

Las palabras “razón”, “locura”

Éstas que conforman la cascada

La cascada de palabras.

Un poco de amor y un poco de odio

Alternándose entre una vida pálida

Y una vida al rojo

Todo esto te lleva al laberinto

De tu pensamiento

Que no se doblega ante el dolor.

Sales al aire y alzas la cabeza

Clamando un poco de libertad

Libertad que se congela

Y que se deshiela

Con la llegada de la primavera.

 

 

XXXII

Las penas del amor

Y las penas de la amistad

Yo he podido ahogarlas

Con amargas lágrimas

Al igual que los pordioseros

Al quienes les robaron sus limosnas.

Dolores al cuerpo, los fuertes dolores de estomágo

Dolores, muchos dolores de pies

A causa de zapatos estrechos

Todos los he terminado soportando.

También los dolores espirituales

Esos que provocan la calumnia y la infamia

Los que produce la ausencia de la gracia

Estos mismos que son la causa de llagas en el alma

Y que alteran los ánimos de las fieras

Que me iluminan

Con lo Uno

Y que es también el Todo.

 

 

XXXIII

Tanto placer y tanto dolor

Que he podido soportar a pesar de todo

A pesar de los vendavales que me trataban

Como si hubiera sido hoja de árbol o de libro.

Todo lo he superado con mi presencia

Y mi estilo

Aun el cansancio

Ese que ha cogido a los pordioseros

Que se cansaron de peticiones inútiles y sin respuesta

Ellos finalmente resolvieron volver a sus antiguas iglesias

Y a recibir sus acostumbradas limosnas

En tanto que el odio bien alimentado en su jaula.

He logrado permanecer duro como el diamante

Y transparente como el cristal

El fuego espiritual se ha mantenido

Pero la llaga del alma se ha sanado.

Estoy solo con mi frente expuesta

A los rayos del sol y de la luna

No olvidéis

La poesía, mi poesía, me ha redimido de todo

Por lo tanto

El presagio se ha cumplido.

La barca está lista para zarpar

Se han izado sus velas

Me dicen que ya es hora de partir

Yo respondo “a la otra vuelta”

Y entonces el cielo enciende todas sus estrellas

Y yo elijo la más brillante para que me conduzca a lo desconocido

A lo desconocido que yo tanto amo

Grito ahora con entusiasmo

¡Oh estrella de los marineros!

 

Prólogo de MARÍA TERESA LIRA LAGARRIGUE

Los pordioseros. Santiago de Chile. Editorial Universitaria. 1992. Págs. 21-22, 22-23,23-24, 24, 50-51, 51-52.

 

 

(Fuente:  La Mecánica Celeste)

No hay comentarios:

Publicar un comentario