Foto de vacaciones
Esa foto de mis abuelos en vacaciones
da tristeza,
su tonalidad apagada
su escaso tamaño
y la evidente concordancia de la escena
con la irrealidad
abren dentro de mí una ciénaga.
Vida fuera de cauce
en lugares prestados
entre una geografía de ridículos tolditos
sobre las cabezas
de unos cuantos mozos aburridos
y ellos, mi abuelos
posan acaso para los ojos
que los miran
en este presente desvaído
dejándose llevar por el abatimiento.
Las fotos no deberían mentir
de semejante manera: esforzarse tanto
en disimular la muerte que ya ocurrió
o que sobrevendrá
distorsiona los rostros
que apenas se sostienen
entre el decorado y el paisaje.
La muerte se fue de vacaciones
con ellos aquel año
y en esa foto
con su ostentosa irrealidad
lo único verdadero
son los mozos que sirven la comida
-ojos muy atentos
endurecidos y un rictus de tedio
en sus bocas-.
Los vasos, platos, las hojas
silvestres de los canteros lo saben,
quién tiene dudad de que las vacaciones se inventaron
para escapar de la muerte,
una huida espectacular,
un discreto viaje
que va en dirección opuesta
al gran y auténtico viaje.
Las vacaciones de mis abuelos esquivan
el tono sombrío de sus días
con audacia de tragicomedia.
El fotógrafo lo sospechó.
Hay un guiño en el enfoque
cierto encuadre de la toma,
tal vez se adivina en la ironía
de esos pájaros
que vuelan tan allá atrás
y con movimientos plácidos
desmienten
las sonrisas rígidas de mis abuelos,
un regalo para los hijos,
de los hijos,
de los hijos,
que alguna vez se atrevan a mirarlos.
*

.
Irma Verolín nació en Buenos Aires en 1953, publicó libros de cuentos, novelas y poesía. También libros de literatura infantil y juvenil. Obtuvo el Premio del Fondo Nacional de las Artes, Premio Emecé, Premio Eduado Mallea, entre otros. Tres de sus novelas fueron finalistas en los premiso Fortabat, La Nación, Planeta y Clarín. Algunos de sus textos fueron traducidos al inglés, portugués, italiano, ruso y alemán.
(Fuente: músicararablog.wordpress.com)
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